
CRECE UNA NUEVA OLA CONTRA LA GUERRA Y DEFIENDEN UNA CANARIAS NO MILITARIZADA
Semanario LA RAÍZ
Una treintena larga de organizaciones políticas, sindicales y sociales con presencia en Canarias ha firmado un comunicado colectivo que suena a aviso: “No a la guerra contra Venezuela”. Lo hacen en plena escalada de tensión después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenara una “blockade” (bloqueo) sobre petroleros sancionados vinculados a Venezuela, una medida que —según agencias internacionales— está elevando el riesgo de incautaciones, paralizando buques por miedo a ser interceptados y disparando el pulso diplomático con Caracas.
El texto, fechado en Las Palmas, mezcla dos planos que aquí se tocan más de lo que parece: el internacional (Venezuela como objetivo) y el local (Canarias como pieza logística en el Atlántico). Por eso, además de condenar la “amenaza de intervención militar directa”, el comunicado exige que las Islas no sean militarizadas ni utilizadas como retaguardia de una operación contra América Latina y África.
“Piratería”, “bloqueo” y el riesgo de que el mar se convierta en frontera armada
El comunicado denuncia “actos de piratería” contra buques petroleros venezolanos y violaciones del espacio marítimo y aéreo del país. No es una formulación gratuita: la propia Casa Blanca ha presentado el bloqueo como parte de una ofensiva vinculada a sanciones y a acusaciones de narcotráfico, y medios internacionales están informando de operaciones de interceptación y presión naval que, en la práctica, empujan el conflicto hacia el mar.
En ese contexto, Rusia ha advertido hoy de que Washington podría cometer un “error fatal” si sigue escalando y ha criticado el carácter unilateral de las medidas, alertando de impactos sobre el tráfico marítimo y la estabilidad regional.
Mientras tanto, la presión militar estadounidense también se está dejando ver en otro frente: la llamada “guerra contra el narco” en el Pacífico oriental. The Guardian informó ayer de un nuevo ataque contra una embarcación acusada de narcotráfico, con cuatro muertos, dentro de una serie de operaciones que ya acumularían decenas de fallecidos desde septiembre, según ese medio.
Ese es el tipo de deriva que preocupa a las organizaciones firmantes: cuando el relato de “seguridad” se vuelve un atajo para normalizar la fuerza y diluir controles.
El comunicado: soberanía, derecho internacional y un mensaje a la oposición venezolana
El núcleo del manifiesto es político, pero también jurídico: apela a los principios de igualdad soberana y no intervención y sostiene que la amenaza de guerra viola el marco de Naciones Unidas. Desde ahí, articula seis líneas de denuncia:
“Agresión imperialista”: presenta las amenazas como parte de una estrategia para recomponer hegemonía en el Caribe y América Latina.
“Piratería de Estado”: rechaza incautaciones e interferencias sobre petroleros, y las vincula a quiebras del derecho internacional del mar.
Ejecuciones extrajudiciales: acusa a EE. UU. de una práctica sistemática de asesinatos selectivos fuera de control judicial.
Instrumentalización diplomática: carga contra la concesión del Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado, que el comunicado interpreta como legitimación de una agenda de presión e intervención.
Repudio a la injerencia: condena a cualquier actor que “solicite, promueva o justifique” una intervención militar extranjera.
Canarias “territorio de paz”: exige neutralidad y rechaza el uso del Archipiélago como plataforma logística.
Aquí hay una clave incómoda: el texto no solo señala a Washington. También apunta —con nombres— a sectores de la oposición venezolana que, según los firmantes, estarían empujando hacia una intervención “contra su propio país”. Es una acusación de enorme calado porque plantea una frontera moral: no todo vale para cambiar un gobierno; no todo “apoyo internacional” es defendible.
El Nobel a Machado: el símbolo que divide el relato
Que el comunicado incorpore el Nobel no es un detalle accesorio. La Fundación Nobel y el Comité Nobel han presentado el premio a María Corina Machado como reconocimiento a su “trabajo incansable” por los derechos democráticos y una transición “justa y pacífica” en Venezuela.
Los firmantes canarios lo leen al revés: como una pieza de legitimación política en un momento de escalada y de presión económica y naval. El Nobel, así, deja de ser solo un premio: se convierte en un campo de batalla narrativo.
Canarias en el mapa: de “corredor atlántico” a exigencia de neutralidad
La parte más local del comunicado no se limita a un gesto pacifista genérico. Habla de corredor atlántico, militarización y logística. Traducido: bases, reabastecimiento, vigilancia, rutas. Infraestructura que normalmente pasa desapercibida… hasta que un conflicto la vuelve visible.
Las organizaciones firmantes enlazan esa exigencia con una memoria política concreta: el referéndum de la OTAN. En 1986, el Estado votó mayoritariamente permanecer, pero el rechazo fue muy fuerte en Canarias y hoy sigue siendo un hito recurrente en el imaginario antimilitarista del Archipiélago.
Por eso el manifiesto remata con una consigna que mezcla geopolítica y territorio: “Canarias: paz, neutralidad y autodeterminación”, junto al “No a la OTAN”.
Quién firma y qué viene después
Suscriben el comunicado organizaciones como Izquierda Unida Canaria, Partido Comunista de Canarias, Partido Comunista del Pueblo Canario, Reunir Canarias, Sí Se Puede, Unidad del Pueblo, Verdes Canarias, Cobas Canarias, CGT, Intersindical Canarias, UGT, Unión Insular CCOO Gran Canaria, Podemos Canarias, Sumar, además de plataformas pacifistas y redes de solidaridad.
El documento concluye con un llamamiento a la movilización social y política desde Canarias. No fija fecha, pero sí marca el marco: si el bloqueo naval y la presión militar escalan, las Islas —por posición— pueden verse arrastradas a un papel que una parte relevante del tejido político y social rechaza de plano.


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