
Andan las huestes de Teodoro Sosa y Óscar Hernández recuperándose aún del golpe de realidad que les está suponiendo comprobar que sin Morales y sin las perras del Cabildo "no son nadie". Toca ahora terminar de quitarse la máscara y que quien ponga el dinero alegre para el marketing y la compra de voluntades sea Clavijo.


























