
Si César Manrique levantara la cabeza y visitara su obra en Timanfaya, sacaría a palos a sus "mercaderes", como Jesucristo a los ladrones del templo. Vería colas kilométricas de vehículos en marcha durante horas y vehículos en marcha a más de 29 grados de temperatura. Vería descontrol, avaricia y nada que se parezca a sostenibilidad. Vería a políticos que se llenan la boca con su nombre, pero que no quieren oír hablar de moratoria, ecotasa y control de población. De traca.






