
Liberación Canaria irrumpe como proyecto de país: Fondo Soberano y control demográfico para frenar el colapso del archipiélago
Semanario LA RAÍZ

Liberación Canaria celebró este sábado 10 de enero su I Tagoror Nacional, un encuentro que marca su puesta de largo como proyecto político con vocación de país y que dejó dos ideas centrales sobre la mesa: la necesidad de un Fondo Soberano Canario y la urgencia de recuperar el control sobre la inmigración y la presión demográfica.
No son propuestas accesorias. Son, según la organización, condiciones estructurales para evitar el colapso económico, social y ambiental del archipiélago.
Un país sin control sobre su riqueza
Uno de los debates centrales del Tagoror giró en torno a una evidencia largamente asumida pero pocas veces afrontada políticamente: Canarias produce riqueza, pero no decide sobre ella. El turismo, los puertos, el suelo, las infraestructuras estratégicas y los flujos financieros generan beneficios millonarios que no se traducen en bienestar colectivo, mientras el territorio y la población asumen los costes.
Frente a este modelo, Liberación Canaria propone la creación de un Fondo Soberano Canario, concebido como una herramienta de acumulación, protección y planificación económica bajo control público. No se trata de un mecanismo técnico, sino de una decisión política de fondo: dejar de depender de decisiones externas y recuperar capacidad de inversión propia.

Militantes de LC en un receso
El Fondo Soberano permitiría, según la ponencia aprobada, blindar sectores estratégicos, financiar servicios públicos, sostener una transición ecológica real y garantizar que parte de la riqueza generada en Canarias permanezca en Canarias. Sin ese instrumento, sostienen, cualquier discurso sobre desarrollo sostenible o justicia social queda reducido a papel mojado.
La idea es clara y poco habitual en el debate político canario: sin soberanía económica no hay soberanía política.
Inmigración y demografía: el límite como derecho colectivo.
Si el Fondo Soberano articula la propuesta económica, el segundo gran eje del Tagoror fue el control de la inmigración y la presión demográfica, abordado sin rodeos y con un enfoque que rehúye tanto de la xenófobia (de la que se distancia absolutamente), como el discurso buenista que ignora los límites materiales del territorio.

Liberación Canaria sostiene que Canarias no puede seguir siendo tratada como un espacio abierto sin capacidad de decisión, un territorio al que se le asignan flujos migratorios, crecimiento poblacional y sobrecarga de servicios sin tener en cuenta su fragilidad geográfica y ambiental. Y ojo Liberación Canaria centra mucho su preocupación en la inmigración que estadísticamente tiene mayor incidencia en Canarias: la europea.
La propuesta política habla explícitamente de “cerrar la puerta del país”, una expresión que ha generado debate pero que la organización define con precisión: regular quién entra, en qué condiciones y con qué garantías, tanto para la población migrante como para la sociedad que ya vive en el archipiélago.
El diagnóstico es contundente. El crecimiento demográfico descontrolado, sumado a la llegada constante de personas sin planificación ni recursos suficientes, agrava la emergencia habitacional, presiona los servicios públicos, deteriora el mercado laboral y acelera el desgaste ambiental. Y todo ello, subrayan, no beneficia a las personas migrantes, sino a un modelo económico que utiliza la sobrepoblación como herramienta de precarización y disciplina social.
Liberación Canaria defiende que poner límites no es negar derechos, sino garantizar que estos sean reales y sostenibles.
Identidad canaria: de símbolo cultural a herramienta política
La ponencia política aprobada en el Tagoror plantea un giro de fondo en el uso del concepto de identidad. Para la organización, la identidad canaria no puede seguir siendo un elemento decorativo, reducido al folclore o a la nostalgia, mientras el país se vacía de capacidad de decisión.
Pensarse como pueblo implica, según el documento, asumir la condición de territorio limitado, con recursos finitos y una historia marcada por la dependencia. Desde ahí, la identidad se convierte en marco político, en una herramienta para ordenar prioridades, definir límites y construir un proyecto colectivo propio.
El soberanismo que plantea Liberación Canaria no es retórico ni abstracto. Es material: se mide en control del suelo, de la economía, de la población y de las decisiones estratégicas.
Nueva dirección política y estructura organizativa
El I Tagoror Nacional sirvió también para elegir a la nueva dirección política. Jesús Rodríguez Santana fue nombrado Presidente Nacional, con Angélica Calero como Vicepresidenta y Ricardo González-Roca como Secretario General.
La dirección se completa con una veintena de personas al frente de áreas sectoriales y de trabajo, en una estructura que busca combinar liderazgo político, implantación territorial y trabajo técnico. La organización aspira a construir poder social antes que atajos institucionales.
Un punto de inflexión en el debate canario
Más allá de la propia organización, el I Tagoror Nacional introduce en el debate público canario cuestiones largamente evitadas: quién controla la riqueza, cuántas personas puede sostener el territorio y quién decide sobre ello.
Liberación Canaria no plantea soluciones inmediatas ni simples. Plantea algo más incómodo: que Canarias deje de ser un espacio administrado desde fuera y empiece a pensarse como país. Y eso, en un archipiélago acostumbrado a sobrevivir sin decidir, ya es una ruptura política de calado.


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