ES QUE NO NACE QUERERLA

CANARIAS 19 de septiembre de 2022 Por Semanario LA RAÍZ
A la "bandera de la Autonomía" se la conoce coloquialmente como "la bandera de los perros". Pese a que en el intento de "ignorantación" de nuestro pueblo se ha pretendido vender que el nombre de Canarias viene de "tierra de canes", sin que además existiera ni exista una referencia arqueológica moderna que refute el invento mitológico, la colocación de estos animales con grilletes y custodios de la corona española, siempre ha tenido una lectura política cierta. La ciencia y la historia decolonial han arrojado luz sobre este contrasentido colonialista.
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Decía el padre de la psicología canaria, Manuel Alemán, que "nuestra conciencia como pueblo está neblinada". Alienada y encubierta bajo mentiras, tópicos e interesados relatos de "ignorantación" como también dice nuestro académico de la lengua Víctor Ramírez, naufraga un pueblo que no puede situar su norte porque tampoco sabe siquiera donde está. Al socaire del anuncio de la próxima celebración reivindicativa de la bandera nacional canaria, adosados a los cientos de mensajes de adhesión también han llegado los de reivindicación de la otra bandera, la que el estatuto colonial lleva 36 años intentando colocarnos como seña de identidad. Y como en tantas cosas, como en tantos otros relatos creados por el dependentismo, la aculturación, el desconocimiento o cuando no la más absoluta ignominia, adquieren condición de sublime y así comprobamos de nuevo cuanto daño moral se nos ha hecho.

Todos sabemos cuál es y de qué se compone la bandera de la colonia, conocemos su origen y escasa vida histórica.Lo que es menos conocido es la tremenda torpeza e indignidad de quienes la concebieron, el cúmulo de despropósitos que la alumbraron y el más que ""terrorismo" que debieron de producir algunas de sus referencias.

"La bandera de los perros" como popularmente se la conoce, da una especial relevancia a unos animales que, en aquella época de la conquista castellana, tuvieron un protagonismo cruel. Dice el cronista Fray Bartolomé de Las Casas en uno de sus escritos relatando hechos de la invasión europea:

"Y yo vi a los españoles como le echaban perros a los indígenas para que los hiciesen pedazos, y los vi así aperrear a muy muchos (...) Perros bravísimos que en viendo a un indígena lo hacían pedazos en un credo y mejor arremetían contra él y lo comían como si fuera un puerco.Estos perros hicieron grandes estragos y carnicerías (...).

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Observar además como los complementos más emblemáticos son una corona real, unos grilletes, en un conjunto heráldico en donde las señas de identidad se limitan a unos pírricos montículos que en número de 7 están colocados al pairo, terminan por provocar que la enseña en sí represente en justa medida nuestro carácter colonial, como los cuadros que presiden su parlamento.

No nace quererla, ni siquiera respetarla, porque es que no se dignaron a tener un respeto por todo aquello que está en nuestra memoria histórica como referencias de dominación, subordinación, aplastamiento. Una bandera que sus propios instigadores deberían haber intuido no serviría siquiera para enmascarar su disfraz colonial de algo identitario.

Una constatación más de su fracaso es que en 40 años de existencia, salvo en los edificios oficiales y algún que otra manifestación residual, no se ha ganado el amor de este pueblo nuestro sino la indiferencia. A pulso ha sido porque sin pálpito en el corazón del pueblo nació.

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