
EL CONSENTIMIENTO: LA ÚLTIMA TRINCHERA DE UN ALZADO
Semanario LA RAÍZ
Ana sufrió una violación grupal por parte de una manada de terroristas callejeros. Aunque parezca mentira, un juez le preguntó si, en algún momento, dio su "consentimiento" a tan atroz agresión. Diríase que el funcionario dinosaurio, siguiendo una ley que una cabeza neandertal redactó, tendría en su sí un eximente y en su no una ratificación de que la bestialidad es siempre bestialidad. Para Ana, el consentimiento, ya era, sin que se lo dijera el poder, su propio poder, porque a él se aferró para seguir siendo ella, para no dejar que le arrebataran su última trinchera.
A Miguel, un camarero del sur de Gran Canaria, que trabaja 14 horas por decisión de su patrón, le arrebatan energías, dinero, tiempo, descanso, familia. Con todo, al papá de Paula y compañero de María, hay una última trinchera que no le han arrebatado: su consentimiento a esta situación. Sabe que es víctima de una injusticia y en su interior no traga que le deba nada a su explotador. Espera su momento, lo busca, se conjura y refugia en el instante anhelado en que le pueda decir a la cara, que "¡se acabó!". Cada vez que hay mal trato aprieta los dientes, respira y termina pensando que "el bestia" no conseguirá de él también, que rinda su yo interior.
Como ellos y ellas, en la Canarias nuestra, en la Canarias que espera su oportunidad, en la Canarias asaltada, apabullada, empobrecida y explotada, también hay mucho de no dejar que también le arrebaten su última trinchera, su trinchera infinita, porque resiste desde el albor de los tiempos.
A la Canarias que le destrozan su paraíso natural, le enajenan su sentimiento de pueblo y país. A la Canarias que explotan con sueldos bajos y condiciones de vida difíciles, no le quitan sus ganas de vivir pese a todo; no da su consentimiento a que también eso le quiten.
Incluso a la Canarias que se resigna, que dejó de rechistar, que se cansó de promesas, que observa y parece acostumbrada a sobrevivir, incluso a esa, hay algo que no han conseguido arrebatarle; su consentimiento para hacerlo. Por pequeño que pueda parecer, por muy bajito que se queje, por muy rendido que parezca, como aquel cristiano a punto de ser devorado por los leones, miles de canarios no dan su consentimiento, no entregan su última trinchera. Y eso, que pudiera parecer muy insuficiente, que creamos que no sirve para frenar y ganar al adversario, no es por ello baladí.
La madre Palestina que quiere traer más niños a la vida, como acto de resistencia, sabe que ahora todo parece perdido, pero también que sólo con su muerte la podrían vencer; que sólo con su muerte conseguirian su consentimiento los asesinos.
No damos nuestro consentimiento a lo que están haciendo con Canarias. Aunque parezcan que nos están ganando, nunca vencerán si no obtienen también nuestro consentimiento. Esa es y será nuestra trinchera infinita, la que nunca podrán conquistar. Aquel ANSITE, aquel AJODAR que nunca se rindió es nuestro consentimiento.
Aunque nos llamen vagos, subnormales, xenófobos, ilusos, aplatanados, atrasados, que no sabemos hablar, ....hay algo que les va a costar lo que no está escrito: nuestro consentimiento a sus abusos.
Llegará nuestra oportunidad. Y no sólo será por quienes nunca dejaron de luchar, sino también por quienes no rindieron su consentimiento a una realidad que no sabían que era colonial.



SOBRE PATRIAS Y PATRIOTAS: NO NECESITAMOS SU PERMISO NI SU "HOMOLOGACIÓN".



SIN NOVEDAD EN LA COLONIA: LA TARTA TURÍSTICA VUELVE A SER DEL GRAN CAPITAL "CAINITA" Y EXTRANJERO

Así destrozó España el derecho a la vivienda(un repaso histórico en 13 hitos)

LIBERACIÓN CANARIA: "ENVEJECER SOLOS YA ES UNA EMERGENCIA SOCIAL INVISIBLE"

Adepac, y lo que el Cabildo no te cuenta

Santa Lucía de Tirajana, el municipio que ostenta el título con el mayor nicho (nido) de tránsfugas de Canarias”


