Canarias: el expolio colonial silencioso del cielo más valioso del mundo

Expolio del suelo, negación de derechos sobre las aguas y las minas submarinas, colonialismo de las energías limpias y también los cielos canarios. No hay recurso ni riqueza que el colonialismo no se lleve calentita de una Canarias que, por ser colonia, está explotada por todos lados.

CANARIAS16 de marzo de 2025Semanario LA RAÍZSemanario LA RAÍZ
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Telescopios millonarios, empleo precario y beneficios que se evaporan fuera del archipiélago.

El Archipielágo Canario, con su cielo privilegiado, es el hogar de algunos de los observatorios astronómicos más avanzados del mundo. En la cumbre del Roque de los Muchachos, en La Palma, se alza el Gran Telescopio Canarias (GTC), el más grande del hemisferio norte. También en Tenerife, en el Observatorio del Teide, operan múltiples instalaciones científicas internacionales.

Sin embargo, a pesar de la inversión millonaria en estos proyectos, los beneficios directos para la población canaria siguen siendo marginales. Los puestos de trabajo van, en su mayoría, a científicos y técnicos traídos de fuera; las empresas locales apenas participan en los contratos de suministro, y el dinero generado por la explotación del cielo se queda en manos de instituciones y empresas  extranjeras.

El resultado es un modelo de explotación que recuerda a las dinámicas coloniales del pasado y el presente: Canarias aporta el recurso (su cielo), mientras que la riqueza generada fluye hacia los centros de poder científico y económico en Europa y América.

El espejismo del empleo: la ciencia genera riqueza, pero no en Canarias


Los defensores de los observatorios afirman que estas infraestructuras generan empleo en La Palma y Tenerife. Y es cierto: entre personal científico, técnico y de mantenimiento, hay cientos de puestos asociados a estas instalaciones.

Pero el problema es quién ocupa esos empleos y bajo qué condiciones. Un análisis de los datos de contratación en los telescopios de La Palma y Tenerife muestra que la gran mayoría de los puestos científicos y de alto nivel técnico son ocupados por personal extranjero o procedente de la península, dejando a la población local con empleos de bajo valor añadido, como mantenimiento, limpieza y seguridad.

Un ejemplo paradigmático es el GTC, cuya plantilla estable ronda las 70 personas. De ellas, solo una pequeña fracción son residentes canarios. El acceso a los puestos más cualificados está cerrado para la mayoría de los isleños porque las universidades del archipiélago no cuentan con programas específicos que permitan acceder directamente a estos empleos, lo que obliga a los canarios interesados en trabajar en estos centros a emigrar primero y, en la mayoría de los casos, a no regresar.

Este fenómeno se acentúa con la llegada de nuevos proyectos, como el Telescopio de Treinta Metros (TMT), una inversión de más de 1.400 millones de dólares que originalmente iba a construirse en Hawái, pero que, tras la resistencia del pueblo indígena hawaiano, busca ahora asentarse en La Palma. Sin un cambio en las políticas de contratación, este megaproyecto seguirá el mismo patrón: millones de euros invertidos, científicos extranjeros investigando, y la población canaria viendo pasar la riqueza sin apenas tocarla.

Turismo astronómico: un sector con potencial, pero sin control


Una de las grandes promesas de la astrofísica en Canarias era que generaría un sector de turismo científico que beneficiaría directamente a la economía local. Y, en parte, esto ha ocurrido.

La Palma y Tenerife han desarrollado un mercado creciente de turismo astronómico, con empresas que ofrecen observaciones guiadas, rutas nocturnas y visitas a los observatorios. Sin embargo, este sector sigue sin estar bien regulado y no compensa la enorme brecha entre lo que Canarias aporta y lo que realmente recibe.

Para ilustrar esta desigualdad, basta con observar lo que ocurre en otros países con condiciones similares. En Sudáfrica, por ejemplo, el gobierno ha desarrollado un plan integral de astroturismo que no solo genera ingresos para las empresas locales, sino que también financia proyectos educativos y becas para estudiantes de comunidades desfavorecidas. En Hawái, los ingresos derivados del turismo astronómico en Mauna Kea se reinvierten en programas de capacitación para la población local.

En Canarias, en cambio, el astroturismo sigue siendo una industria secundaria, con beneficios marginales y sin una estrategia clara para que una parte significativa de los ingresos generados por los telescopios se quede en la comunidad.

La comparación con Chile y Hawái: lo que Canarias pierde


Los telescopios no son solo una fuente de descubrimientos científicos; también pueden ser motores económicos. En Chile, donde se encuentra el mayor número de observatorios del mundo, el impacto económico de la astrofísica es notablemente superior al de Canarias.

Chile ha conseguido que sus grandes telescopios internacionales reviertan en contratos industriales para empresas locales, formación de personal y acceso garantizado para sus científicos. En el caso de los telescopios de ALMA y Paranal, el país negoció acuerdos que exigen que un 15% del tiempo de observación se reserve exclusivamente para astrónomos chilenos, permitiendo a la comunidad científica nacional beneficiarse directamente de la presencia de estos gigantes tecnológicos.

En Hawái, la situación ha sido aún más interesante: tras las protestas del pueblo nativo contra el Telescopio de Treinta Metros (TMT), las autoridades locales han conseguido que una parte de los beneficios económicos de los telescopios se destinen a proyectos de bienestar social y educación.

Mientras tanto, en Canarias, el modelo es diferente: no se exige a los observatorios ninguna compensación económica directa, ni un porcentaje obligatorio de contratación local, ni la creación de un fondo social. La única contraprestación real es que España obtiene un 20% del tiempo de observación en los telescopios internacionales, pero este beneficio se traduce en publicaciones científicas y no en ingresos o empleos para los canarios.

El canon por el uso del cielo: una oportunidad perdida para Canarias


Si Canarias decidiera exigir un canon económico a los consorcios científicos internacionales por la utilización de su cielo, la situación económica del archipiélago podría cambiar radicalmente.

Si Canarias exigiera un canon similar al de Hawái o un sistema de compensación como el de Chile, los ingresos podrían ser millonarios. Un cálculo aproximado tomando como referencia los presupuestos operativos de los principales telescopios sugiere que un canon del 5% de los costes operativos anuales podría reportar a Canarias entre 5 y 10 millones de euros al año, dependiendo del número de instalaciones activas y su financiación.

Estos fondos podrían destinarse a:

-Becas y formación para científicos canarios que quieran especializarse en astrofísica.


-Fondos para el desarrollo local, impulsando industrias tecnológicas y educativas.


-Inversión en infraestructuras en las islas, mejorando carreteras y acceso a servicios en las zonas donde operan los observatorios.


A pesar de la viabilidad de esta medida, las autoridades canarias no han planteado hasta la fecha un sistema de compensación o canon por el uso del cielo, manteniendo un modelo que favorece a las grandes instituciones científicas extranjeras en detrimento del desarrollo local.

Conclusión: de recurso natural a motor económico real


El cielo de Canarias es uno de los activos más valiosos del archipiélago, pero en la actualidad funciona bajo una lógica de explotación extractivista: las instituciones científicas obtienen los beneficios del conocimiento y la tecnología, mientras que la población local recibe solo los residuos económicos de esa actividad.

Si Canarias quiere dejar de ser una colonia científica y convertirse en un actor real dentro del ecosistema global de la astrofísica, necesita renegociar las condiciones bajo las cuales se explotan sus cielos.

Mientras esto no ocurra, los telescopios seguirán siendo una ventana al universo para el mundo, pero un escaparate de oportunidades perdidas para los canarios.

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