
PARA QUE VIVA SECUNDINO
Semanario LA RAÍZ
La figura y testimonio vital de Secundino Delgado, siguen siendo tristemente desconocidos para la mayoría del pueblo canario. Si fuera de otra manera, si fuera de un conocimiento extendido y su presencia en forma de reconocimiento perenne fuera mayor, no estaríamos en la Canarias colonia que aún somos.
Castelao o Sabino Arana, Valenti Almorall o Eric Prat de la Riba, fueron para gallegos, vascos y catalanes,respectivamente, los primeros referentes para sus países, de un pensamiento político no sujeto al español y hoy todos ellos ocupan un papel destacado y reconocido por ser la avanzadilla intelectual de sus aspiraciones de liberación nacional. A Secundino Delgado se le mantiene en la sombra porque el colonialismo ignorantador y lo insustancial de quienes le han usado como sólo adorno, han impedido que sus ideas y testimonio cristalizaran.
Si no fuera por el meritorio y valiente trabajo de rescate de su obra, realizado por militantes del nacionalismo consecuente, esto es, el independentismo, hoy desconoceríamos todo sobre Secundino. En años en donde hasta editar y publicar un libro podría suponer la detención y cárcel, militantes independentistas de reconocida solvencia intelectual, nos permitieron conocer los avatares de este prócer canario para todos los tiempos.
Aún hoy, donde algunos piden perdón primero para llamarse nacionalistas después o incluso dejan de denominarse así para usar eufemismos como canarista, hay que valorar más aún el valor y la dignidad de aquel hombre que se atrevió a reivindicar la independencia canaria dentro y fuera de nuestra Patria. Más aún, sufrir prisión por ello, torturas y tormento, persecución y encontrar la muerte a edad temprana por las penalidades sufridas. Aquel hombre claramente perseguido por el "carnicero" general Weyler, reivindicó una Canarias Libre cuando nadie antes, salvo aquellos que quisieron defenderla siglos antes, también murieron por ello.
Supo aquel, como otros muchos que abrazon sus ideales en estos años transcurridos, defender los ideales de libertad para Canarias junto a los de justicia social, derechos fundamentales y hasta solidaridad con otros pueblos oprimidos y, si bien luchó por causas de la humanidad, puso siempre primero a su Patria, Canarias, consciente de que dejarla detrás era un acto de cobardía.
Que naciera Secundino Delgado, que de su reflexión surgiera la necesidad y el anhelo de luchar por una Canarias libre del control de España, la historia nos muestra que, a pesar de las cadenas mentales y las distorsiones creadas por el colonialismo, ese deseo ha anidado en el corazón de muchos canarios más allá de su época. Y no ya sólo como una elucubración sino como una conclusión a la que se llega tras contemplar la realidad en la que vivimos, con criterio propio y no enajenados por el nacionalismo español.
En un momento histórico en donde los pueblos de América Latina hablan sin tapujos de sus Libertadores y los vuelven a reivindicar, los canarios deberíamos rescatar los anhelos y ideales de Secundino Delgado, porque en esencia, aquel colonialismo que el combatió y las injusticias contra las que se rebeló, siguen vivas. Pero eso sí, si se lo reivindica, es para dignificarlo y no para amoldar su figura a los intereses del momento. Secundino también vería raquítica esta falsa autonomía de hoy, como cárcel esta España de hoy, como injusto este sistema de hoy. Abracemos que aquellos que lo tuvieron en una gaveta, la de sus incoherencias y complejos, lo reivindiquen hoy, porque nunca es tarde para reorientar el camino, pero abracen con la misma claridad que querer usarlo como un comodín o una marioneta sería una total falta de respeto, un acto tan repudiable como quien levanta la siete estrellada y a la vez se reivindica español.





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