
Gran Canaria, liquidación final: el turismo de hormigón avanza mientras el ecologismo calla
CANARIAS12/06/2025
Semanario LA RAÍZ
A Gran Canaria le quedan los días contados. No lo dice un alarmista. Lo gritan los mapas del nuevo urbanismo que Antonio Morales y Teodoro Sosa —presidente del Cabildo y su fiel ejecutor en Turismo— han trazado con precisión quirúrgica: más de 100.000 nuevas camas turísticas aprobadas o en tramitación. Lo que queda de costa virgen y suelo natural será aniquilado para dejar paso a hoteles, villas de lujo, trenes innecesarios y muelles fantasmas.
Lo llaman progreso. Lo venden como “sostenibilidad”. Pero es pura especulación con disfraz verde.
El falso Parque Nacional de Guguy: escaparate para inversores
¿Un parque nacional en el Macizo de Guguy? ¿Para qué, si el 90% del territorio ya está protegido y no se puede tocar ni con alfileres? Fácil: para crear un escaparate institucional que sirva de anzuelo al capital privado. Una postal perfecta para atraer a fondos que no vienen a proteger, sino a colonizar los últimos rincones intactos de la isla.
El supuesto parque será accesible solo por mar, una pista que deja claro lo que viene: líneas marítimas de acceso turístico masivo, desembarcos diarios de visitantes en un paraje frágil y ya tensionado por la sequía, el abandono y la sobrecarga. Guguy no se salvará: será vendido al turismo como todo lo demás.
El oeste de la isla: próxima víctima de los depredadores y sus políticos
La ofensiva tiene coordenadas precisas: el oeste y noroeste de Gran Canaria. Meloneras, la Punta del Perchel, Veneguera, Tabaibales, Mogán, Tauro, Tazarte... Todos estos nombres están marcados en rojo en los despachos de urbanistas con sed de suelo.
¿La fórmula? Viejas triquiñuelas con piel de innovación: “agroturismo de alto nivel”, “rururbanización”, “producción ecológica de proximidad” para abastecer resorts. En la práctica: villas de lujo escondidas en fincas agrícolas, construcciones camufladas con palmeras y cultivos tropicales como coartada paisajística.
Veneguera ya se está cerrando al paso, en silencio, con permisos exprés y el aplauso cómplice de instituciones que ayer se decían verdes y hoy firman estudios favorables al expolio.
La gran traición: el ecologismo domesticado
Lo más hiriente de todo esto no es solo la maquinaria institucional del Cabildo. Es el silencio cómplice del ecologismo subvencionado. Algunos de los que ayer paraban pelotazos, hoy trabajan cobrando del mismo Cabildo que impulsa la destrucción. Profesionales brillantes —biólogos, arqueólogos, historiadores— prestan su firma, sus estudios, su prestigio académico, para legitimar lo que saben que es un atropello.Callan porque están dentro. Y dentro se cobra bien.
Un plan sin oposición ni disidencia institucional
En el Cabildo no hay resistencia. Coalición Canaria, PP, Nueva Canarias… todos reman en la misma dirección, entre sonrisas y palmadas en la espalda. El modelo neoliberal disfrazado de ecosocialismo ha encontrado en Morales un gestor perfecto: uno que pone cara de izquierda mientras ejecuta políticas de derechas con eficiencia empresarial.
Y por eso nadie lo toca. Porque los grandes lobbies turísticos, energéticos y constructores ya han dado la orden: “Antonio Morales, ni rozarlo”.
¿Y la ciudadanía? Dormida. Pero aún no derrotada.
Los datos son brutales: el nuevo PIO (Plan Insular de Ordenación) aprobado en diciembre contempla 33.000 nuevas camas turísticas, dos trenes innecesarios norte-sur, mega infraestructuras energéticas, cementerios eólicos en zonas protegidas, reconversión de suelos rústicos en hoteleros, destrucción de medianías... ¿Y qué hace la ciudadanía? ¿Qué hacemos nosotros?
Seguimos votando a quienes nos venden. Seguimos en silencio, anestesiados por una propaganda que se disfraza de transición ecológica mientras quema el territorio con la misma lógica extractiva de siempre.
Esto no es un artículo. Es una advertencia.
Si no paramos esto ahora, lo que queda de isla será historia. La política de tierra quemada avanza rápido, porque no hay resistencia organizada. Pero aún hay margen. No se trata solo de salir a protestar. Se trata de organizarse políticamente, de construir un frente ciudadano transversal que diga “basta” y que recupere la soberanía sobre el territorio.
Hay que torpedear este modelo desde todos los flancos: jurídico, mediático, electoral, comunitario. Gran Canaria no es una mercancía. Es un territorio herido, pero vivo. Y merece algo mejor que cementerios de camas turísticas y excusas verdes.
Esto no va de nostalgia. Va de justicia.
Esto no va de izquierda o derecha. Va de quién destruye la isla y quién la defiende.
Morales y Sosa ya han elegido. ¿Qué elegirán las decenas de miles de canarios que son conscientes de esta depravación?.¿Se organizarán o clamarán en el desierto?¿Pondrán primero sus ombligos o el corazón?.


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