
¿Engaño a la ciudadanía en el proyecto “El Salto de Chira”? Chira-Soria en el barranco de Arguineguín.
EN LEGÍTIMA DEFENSA28/12/2025 Javier Marrero
El proyecto hidroeléctrico “El Salto de Chira” fue presentado a la población de Gran Canaria por el Cabildo, como una infraestructura necesaria, limpia y beneficiosa para el interés general. Sin embargo, con el paso del tiempo y el avance de las obras, como denunciaron y denuncian colectivos y plataformas, como Salvar Chira Soria, Salvar el Barranco de Arguineguín y Tamaranae Activistas, entre otras, lo que se prometió dista mucho de la realidad que hoy viven el territorio y sus habitantes.
Desde el inicio se aseguró que no habría impacto en el paisaje, cuando hoy es evidente la transformación irreversible del barranco y sus barranqueras, nacientes, manantiales, laderas, pistas, desmontes, túneles, explanadas y cicatrices visibles incluso desde espacios protegidos. El paisaje, que también es patrimonio natural y cultural, ha sido gravemente alterado.
Se prometió que habría agua barata para la agricultura, pero el proyecto no ha garantizado ni precios accesibles ni prioridad real para el sector agrícola local. Y en su lugar han puesto grandes tanques que comercializan y llenan con cubas de agua que traen de otros lugares.
El campesinado sigue sin soluciones estructurales, mientras el agua continúa tratándose como un recurso sometido a intereses empresariales.
Se dijo que en 2025-2027 estaría funcionando, una promesa que ya no se sostiene. Los retrasos se acumulan, los plazos se incumplen y nadie asume responsabilidades por una planificación fallida.
También se aseguró que no habría torretas ni grandes infraestructuras visibles, algo desmentido por la realidad del tendido eléctrico, las líneas de evacuación y las instalaciones asociadas que fragmentan el territorio.
Otra de las grandes promesas fue la protección de la flora y la fauna. Sin embargo, las obras han afectado a hábitats sensibles, especies protegidas y corredores ecológicos, con medidas correctoras insuficientes y, en muchos casos, meramente cosméticas.
Se habló de empleo para las canarias y canarios, pero gran parte de los trabajos han sido temporales, altamente especializados o externalizados, sin generar un tejido laboral estable ni beneficios duraderos para la población local.
A las vecinas y vecinos se les prometió mejora de la calidad de vida, cuando lo que han sufrido ha sido ruido, polvo, tráfico pesado, limitaciones de acceso, pérdida de tranquilidad y una degradación evidente del entorno en el que viven.
Se habló que todo contaba con un buen plan de seguridad y las dos últimas borrascas han demostrado que se carece del mismo y que si llegara a más podría pasar a ser una catástrofe.
A todo ello se suman otras promesas incumplidas:
Se prometió transparencia y participación ciudadana, pero las decisiones clave se han tomado sin un debate público real ni capacidad efectiva de oposición.
Se habló de interés general, cuando el modelo energético sigue concentrado en grandes operadores y no en comunidades energéticas o gestión pública democrática.
Se presentó como un proyecto de energías limpias, obviando el enorme coste ambiental, energético y material de su construcción.
Se aseguró que sería una infraestructura reversible, cuando muchas de las afecciones al territorio son permanentes.
Se dijo que ayudaría a frenar el cambio climático, mientras se perpetúa un modelo extractivo que sacrifica territorio periférico en nombre de una falsa transición ecológica.
El Salto de Chira no es solo un proyecto técnico, es un símbolo de un modelo de desarrollo impuesto, que prioriza grandes infraestructuras frente a la protección del territorio, la soberanía energética real y las necesidades de la población.
Frente a las mentiras, verdad.Frente a las promesas vacías, responsabilidades.Y frente a este modelo, seguir defendiendo otra transición energética, justa, descentralizada y al servicio de la población de Gran Canaria y de su tierra.


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