
Puertos y aeropuertos: soberanía logística de Canarias
Artículo de opinión del nuevo Secretario general de Liberación Canaria


El autor es Secretario General de Liberación Canaria
LA BAJA DEL SECRETO25/01/2026 Ricardo González-Roca
Cuando se nos llama residentes para referirse al pueblo canario, lo que se esconde detrás es una forma intencionada de vaciarnos de nuestra propia identidad. Un hábito de la colonialidad lingüística impuesta que se ha convertido en habitual y cotidiana cuyo daño social no se esconde.
Miremos con atención los efectos porque no estamos ante una palabra inocente, ni tampoco ante un mero recurso administrativo. La palabra se ha convertido en una forma sistémica de deconstrucción de la identidad canaria, de desvinculación de las raíces y de desarraigo como pueblo.
Es una manera muy simple de romper el hilo que nos une, también, a nuestra historia, a nuestra cultura, a nuestra tierra y a quienes estuvieron antes que nosotros. Porque gracias a todas esas personas que forman parte de nuestras ancestralidades , hoy somos. Somos canarios y canarias.
La semántica malintencionada supone un intento constante y permanente de que olvidemos quiénes somos ,de dónde venimos y desde dónde miramos el mundo.
¿Imaginamos acaso que se denomine como residentes vascos, residentes catalanes o residentes navarros a quienes conforman pueblos con identidad propia, historia y cultura ?
No,simplemente los nombramos y reconocemos con absoluta normalidad.
¿Cual es el problema entonces para nombrarnos como pueblo a los canarios y canarias?
La palabra - Residente - es una categoría funcional. Sirve para ordenar censos, gestionar padrones o tramitar derechos administrativos. Es evidente que no sirve para nombrar a un pueblo, en este caso al Pueblo Canario.
Utilizarla para definir a la sociedad canaria busca provocar un efecto claro que es el despojo del arraigo, de la identidad propia, para convertirnos en una población circunstancial, en simples personas de paso, en sujetos intercambiables y susceptibles de sustitución.
Cuando un pueblo acepta esta definición, comienza a perderse a sí mismo, se abandona y no se reconoce como sujeto político de derechos jurídicos, económicos y sociales. Deja de identificarse con lo propio para hacerlo con lo ajeno.
Todo ser humano tiene la necesidad de sentirse unido a una causa mayor, una tribu, una familia, un País, un Estado, una Nación y esa necesidad le lleva a entregarse a quien le brinde algo de seguridad, raíces falsas, sentido de pertenencia que se traduce en sumisión para no vivir el dolor del abandono propio y ajeno.
El peligroso juego lingüístico consciente de quienes lo usan con tanto descaro tiene una misión. Se trata de la invalidación de la pertenencia porque si soy residente y no soy canario, entonces ¿qué y quién soy?
Lo más grave es que este lenguaje no sólo se impone desde fuera sino que se ha infiltrado en nuestro propio discurso cotidiano sin cuestionarlo.
Cuando aceptamos llamarnos residentes, asumimos sin darnos cuenta una posición secundaria, como si esta tierra no fuera nuestro hogar, sino un lugar prestado. Pero resulta que Canarias es nuestro país, aunque hoy no podamos ejercerlo jurídicamente y plenamente como tal.
Somos parte de esta tierra ,responsables de ella. Custodios de un territorio, de una cultura y de una memoria que no nos pertenecen solo a nosotros, sino también a quienes vendrán detrás por razones evidentes de responsabilidad intergeneracional.
El desarraigo no actúa únicamente sobre las palabras. Éstas, repetidas hasta la saciedad, actúan con fuerza sobre la conciencia de las personas para anularla.
Se nos acostumbra a normalizar la renuncia, a no incomodar, a no poner límites y esa renuncia,sostenida en el tiempo, genera una aceptación silenciosa que debilita la autoestima colectiva y nos aleja premeditadamente de nuestra identidad canaria silenciada por costumbre y vergüenza propia.
Cuando se niega el vínculo real que existe, aparece el abandono interno de cada individualidad y quien deja de sentirse parte de su propio pueblo, acaba buscando identidad en otros marcos que no le representan. Aceptando incluso cultura ajena como propia, tolerando el abuso político y económico, aceptando la entrega y sumisión como precio obligado para sentirse reconocido.
Resulta significativo que no exista dificultad alguna para nombrar a otros pueblos por lo que son.
Por ejemplo, nos resulta sencillo nombrar a españoles, franceses, alemanes,italianos, chinos.....Sin embargo, cuando se trata de Canarias, se evita nombrarnos como tales y pasamos a ser meros residentes.
Al final nos damos cuenta que no se trata solamente una simple cuestión semántica administrativa.
No pasa nada por reconocer que es evidente que hemos de afrontar una operación política económica y cultural lingüística que impide construir conciencia de país y como tal debemos denunciar y desmontar.
La colonialidad lingüística existe, es real, funciona y opera con precisión en quienes la escuchan a diario y da buenos resultados a los intereses que representa.
Porque si no somos, no existimos y si no existimos como pueblo, no hay derechos colectivos que reclamar ni decisiones propias plenas que reclamar y ejercer.
El uso reiterado del término - residente - desde instituciones, gobiernos y medios de comunicación contribuye a esta negación. Nos vacía de contenido la existencia colectiva y frena cualquier proyecto de país compartido. Ese es el objetivo.
Sin identidad no hay horizonte. Sin conciencia no hay capacidad de decisión y sin ambas, el futuro se diseña siempre desde fuera.¿Nos suena de algo?
El pueblo canario existe. Más de dos mil años de historia lo confirman, aunque incomode a algunos. Somos y existimos.
Existimos con identidad propia, con memoria colectiva, con una historia en gran parte silenciada y con un vínculo profundo con su territorio, así como una forma de ser y de estar diferenciada.
Ni mejor ni peor que otros pero nunca somos menos que los demás como para situarlos por encima nuestra en derechos y capacidades.
Renunciar a nombrarnos como canarios y canarias es renunciar a construirnos como pueblo con identidad propia, nos lleva a ceder espacio, voz propia y capacidad política y jurídica.
Decir con naturalidad - “somos canarios y somos canarias”- es un acto de afirmación consciente, de valentía y reconocimiento.
Se trata de romper con identificaciones vacías de contenido y carentes de sentido, para empezar a sacar a la luz nuestra conciencia canaria, que ya existe en nosotros y nosotras pero que seguimos ocultando por un extraño sentido de vergüenza y adoctrinamiento que nos aleja de quienes somos. Incluso hemos dado paso a la propia endofobia canaria para manifestar desprecio y repulsión hacia lo nuestro. Lo propio.
Se trata de comenzar a mirarnos con profundo respeto, orgullo y satisfacción de saber quienes somos, a dónde pertenecemos y que podamos mirar al mundo desde nuestro lugar, desde nuestra realidad y desde nuestra propia óptica, voz, y perspectiva sin necesidad de construcción de relatos externos impuestos.
La construcción de la conciencia nacional canaria es un proceso de reconocimiento, de responsabilidad y de dignidad. Aunque hoy existan límites impuestos, intereses ajenos y también desidia propia. El primer paso sigue siendo el mismo. Nombrarnos. Reconocernos.
Asumir que aquí no hay residentes. Aquí hay un pueblo canario. Solo desde esa certeza se puede pensar, decidir y construir futuro con sentido propio.
SOMOS CANARIOS Y CANARIAS, no lo olvidemos y digámoslo en voz alta y mirándonos a los ojos. Con firmeza y determinación porque necesitamos reconocernos y abrazar lo que somos.
Ricardo González-Roca Fonteneau
Secretario General
Liberación Canaria

Artículo de opinión del nuevo Secretario general de Liberación Canaria

Carta abierta al presidente del Cabildo de Gran Canaria desde la Plataforma Salvar Chira Soria Bco de Arguineguín


Gran Canaria era el buque insignia de NC. Durante años CC intentó todo para hacerse con una pata en la única isla donde había fracasado. La ruptura generada por Teodoro Sosa iba encaminada a eso pero algo parece haber fallado.

Una reflexión sobre las razones de la perdida de votos y apoyos por la izquierda en Canarias.


Para Antonio Morales Méndez, presidente del Cabildo, el viento, el sol, el territorio y el agua de Gran Canaria son para las multinacionales y la "defensa del Puerto" para el discurso y que le sirva para tratar de ocultar su gravísima responsabilidad en el desastre energético de su modelo de "transición" al servicio del oligopolio eléctrico.

La "Tele de Clavijo" ya ni disimula. Podrían haberlos vendido como algo cómico en Clave de Ja, pero pensaron que mejor hacerlos pasar por Gente Maravillosa, con un formato más sensiblón y Maruja. En menos de 3 meses, Clavijo, Teodoro Sosa y Miguel Ángel Ramírez han sido "convenientemente" entrevistados y "endulzados" en prime time. La coalición "canalla" ya vende a "sus dos grancanarios" afines por tierra,mar y aire. Vergüenza ajena. Manipulación en toda regla.

Veinte largos años estuvo el aldeano al frente de Nueva Canarias. Dos décadas en las que, sin tener un granero de votos propio, llegó a ser incluso vicepresidente y consejero de economía y hacienda del gobierno de la Autonomía. En todo ese tiempo, nadie en Nueva Canarias usurpó su condición de "voz autorizada" de la organización para " casi todo", en todo momento y todo lugar. Desde el último Congreso, en el que dijo daba un paso a un lado, su presencia pública debería limitarse a la de un "segunda fila". La realidad es otra. Es como el franquismo para España: que se niega a desaparecer.

Nunca fueron en verdad una democracia. En un país en donde vota apenas uno de cada dos, donde sólo dos partidos "casi iguales" se presentan por más de cien años,donde las grandes fortunas compiten por financiar a sus partidos de clan para ganar aún más fortunas, decir que gobierna el pueblo siempre ha sido una farsa. Ahora todo está quedando en evidencia. Como todo imperio en decadencia, llegó un tirano dispuesto a ser el rey absoluto: el Nerón de su imperio.

El autor es Secretario General de Liberación Canaria