
NO AL "SILBATO" DEL CACIQUE
Semanario LA RAÍZ
El "guineo" viene de años, cuando en el Hierro, Gran Canaria y Tenerife, entusiastas del silbo comenzaron a indagar sobre la posible presencia de esta forma de comunicación propia de los primeros canarios y mantenida hasta nuestros días sobre todo por pastores, en otras partes del País.
No tiene un pase que, en vez de unirse a estos esfuerzos, porque lo que es patrimonio declarado de la humanidad y bien de interés cultural desde hace más una década, lo que es testimonio palpable de que, pese al intento de etnocidio por los españoles en los siglos XV y XVI, fuera un legado claramente ancestral de todos los canarios, alguien quiera reducirlo a una "marca", como si de un "producto de mercado" se tratara.
Las escuelas de silbo que están empezando a hacerse notar en todo el país, que están realizando un trabajo muy meritorio y a reconocer ya, han hecho ya más por la divulgación, rescate y promoción del Silbo en el País, que el Cabildo de La Gomera en tantos años. Tal vez estén ahí parte de la razón por la que Curbelo anda de enrredina, incluso en el Parlamento canario, para que se proscriba la enseñanza del Silbo en otras islas. La otra razón, tal vez la verdadera, tendría que ver con su intento de "hacer caja" con el Silbo y con su prepotencia, esa que recuerda a aquel Peraza castellano contra el que un día se rebelaron los Gomeros. El diputado de ASG en el Parlamento lleva más de un año intentando que "el silbato del cacique Curbelo" ponga firmes al resto de sus "señorías" y se cortocircuite, incluso con multas, a quien "ose" usurpar la única condición de silbo, que él defiende que es gomera. Ridícula y limitada la visión de un político que, llamándose canario, pretende generar un pleito y negar la mayor que es la procedencia común de nuestros ancestros.
Es tanto como decir que la lucha canaria, el salto del pastor, el juego del palo, fueran patrimonio de una isla y que el resto, pese a particularidades, no fueran tronco y ramas de la misma raíz. Pretende tanto como si alguno de esos legados culturales, tuviera que pedir permiso para su práctica o reconocimiento al Cabildo de otra isla.
Acostumbrado el cacique a silbar como un guardia y a hacerse su capricho y voluntad, ha dado sin embargo en este tema, con gente aguerrida y valiente que le está poniendo freno y fin a su caciquismo de manual.



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