
NO ES "AMOR AL ARTE" SINO SUBORDINACIÓN COLONIAL
Semanario LA RAÍZ
El Parlamento de Canarias está presidido por dos cuadros. No representan a los pueblos guanches, ni la resistencia que opusieron durante un siglo a la conquista castellana. No muestran la riqueza cultural que habitaba las islas mucho antes de que los barcos llegaran desde Andalucía. Tampoco rinden homenaje a la memoria de un pueblo que fue sometido, esclavizado y borrado de los relatos oficiales. Lo que muestran, con todo el peso de la pintura histórica, es la conquista de Canarias por los castellanos.
La pregunta no es retórica: ¿Qué hacen esos cuadros ahí?
En ningún otro territorio con una mínima conciencia de su historia y de su dignidad política se toleraría semejante despropósito. Imagine por un momento que el Congreso de los Diputados en Madrid estuviera decorado con pinturas que celebran la ocupación de la península por las tropas napoleónicas. Imagine cuadros de las tropas franquistas entrando en Barcelona, colgados en el Parlament de Catalunya. Suena absurdo porque lo es. Ningún pueblo que reivindique su historia permitiría que sus espacios de soberanía estén adornados con la imagen de su sometimiento.
Pero en Canarias no parece causar escándalo. No es una casualidad, es una costumbre. Y, como toda costumbre colonial, se normaliza. La conquista preside el Parlamento como si fuera un hecho inevitable, natural, incluso digno de orgullo. ¿Cómo se puede hablar de soberanía con el retrato de la servidumbre colgado sobre las cabezas de quienes legislan?
El colonialismo que nunca se fue
La existencia de estos cuadros no es un accidente ni un despiste del pasado. Es una manifestación explícita de lo que el teórico Aníbal Quijano denominó colonialidad del poder: la conquista terminó en términos militares, pero nunca dejó de regir las estructuras políticas, económicas y culturales. La independencia formal de Canarias nunca llegó. Se celebra cada 30 de mayo el Día de Canarias, una fecha vacía que conmemora la constitución de un parlamento que, en la práctica, no tiene competencias plenas.
Canarias sigue siendo una colonia
Esa es la verdad incómoda que los cuadros en el Parlamento nos recuerdan cada día. Desde el Régimen Económico y Fiscal que mantiene a las islas como una periferia subsidiada y dependiente, hasta el estatus de las aguas canarias que, a diferencia de cualquier otro archipiélago, siguen siendo internacionales por mandato de Madrid.
El Parlamento de Canarias no legisla sobre el mar que lo rodea. Tampoco controla sus recursos energéticos. Las decisiones clave para el archipiélago se siguen tomando a 1.800 kilómetros de distancia, mientras las islas mantienen la tasa de pobreza más alta del Estado y una de las economías más precarias de Europa.
El colonialismo nunca se fue. Solo cambió de forma.
¿De quién es ese Parlamento?
Que los cuadros de la conquista sigan presidiendo el Parlamento canario es una evidencia cruda de esta situación. Son la demostración plástica de que, a pesar de la retórica autonómica, Canarias sigue siendo un espacio donde el poder se ejerce desde fuera y donde el relato hegemónico no pertenece a los canarios.
No es difícil imaginar qué ocurriría si este escenario se trasladara a cualquier otro lugar. Irlanda no decora su Dáil con imágenes de las tropas británicas. En Argelia no encontrará pinturas de la invasión francesa en su Asamblea Nacional. La diferencia es que en estos lugares se produjo una ruptura con el pasado colonial. En Canarias, en cambio, se celebra.
Que nadie se engañe: esos cuadros no son arte neutral. Son la afirmación de que el poder pertenece a los descendientes de los conquistadores, no a los descendientes de los conquistados.
Decolonizar el Parlamento: ¿dónde está el escándalo?
Plantear la retirada de estos cuadros es un gesto simbólico, sí, pero los símbolos importan. La decolonialidad no exige olvidar el pasado, sino reconfigurarlo desde otras miradas. Mantener la memoria de los pueblos guanches no es borrar la historia, sino ampliarla. Retirar los cuadros del Parlamento no implica negar la conquista, sino reconocer que esta no representa la identidad política del pueblo canario.
La pregunta clave es: ¿Quién decide qué imágenes presiden el Parlamento?
Porque si la respuesta no es el pueblo canario, entonces es evidente que, con o sin autonomía, Canarias sigue siendo una colonia.


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