
Groenlandia frente a la ofensiva imperial: “Solo nosotros decidimos nuestro destino”
Semanario LA RAÍZ
En un momento en que las grandes potencias reavivan viejas ambiciones geoestratégicas sobre el Ártico, los principales partidos políticos de Groenlandia han emitido una declaración conjunta que pone en jaque la lógica expansionista de Estados Unidos y reivindica con firmeza el derecho de sus habitantes a decidir su futuro sin injerencias externas.
Ante las repetidas amenazas y propuestas del presidente estadounidense, que ha insistido en la necesidad de “hacer algo con Groenlandia, les guste o no”, argumentando supuestas amenazas rusas y chinas en la región, los líderes de los cinco partidos representados en el Parlamento groenlandés (Inatsisartut) hicieron público un pronunciamiento histórico.
“El futuro de Groenlandia lo deben decidir los groenlandeses. Ningún otro país puede inmiscuirse en ello. No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses”, afirma la declaración colectiva firmada por Jens-Frederik Nielsen y los dirigentes de las principales formaciones políticas del territorio autónomo.
Una respuesta unificada contra el imperialismo
Este pronunciamiento unánime representa un rechazo explícito no solo a las presiones de Washington, sino también a décadas de dominación colonial y neocolonial: desde la integración forzada en estructuras de poder europeas hasta la reciente reactivación de tensiones geopolíticas que colocan a Groenlandia como pieza de intercambio entre potencias.
La declaración subraya que cualquier discusión sobre el estatus político del territorio debe realizarse en base al derecho internacional y al Estatuto de Autonomía que reconoce expresamente el derecho de los groenlandeses a la autodeterminación, incluido un eventual proceso soberanista.
De Dinamarca a Washington: presiones que polarizan
Aunque Groenlandia sigue siendo formalmente parte del Reino de Dinamarca, la isla de 57.000 habitantes se ha convertido en un objetivo de rivalidades mucha más amplias que su escala demográfica y económica podría sugerir. Su posición estratégica en el Ártico y sus vastos recursos minerales la colocan en el centro de un tablero en el que Washington pretende erigir un “interés de seguridad nacional” que, en la práctica, suena más a voluntad de control geopolítico que a defensa real.
Esta escalada ocurre en un clima internacional que ha visto a Estados Unidos dar pasos cada vez más agresivos para moldear espacios soberanos de otros pueblos, un patrón que analistas antiimperialistas comparan con viejas lógicas de realpolitik colonial y que se ha evidenciado recientemente en otras latitudes.
Un Parlamento que antepone la autodeterminación
Para responder a estas presiones, los cinco partidos groenlandeses acordaron adelantar el calendario parlamentario para debatir en profundidad la estrategia política del territorio frente a la intimidación externa. El objetivo, señalaron, es asegurar que la deliberación sea “justa, democrática y orientada por la voluntad popular”, y no por la lógica de las grandes potencias ni por intereses ajenos a la vida de la mayoría de la población.
Este frente común incluye tanto a formaciones tradicionalmente favorables a una independencia inmediatamente ambiciosa como a aquellas que plantean transiciones graduales, demostrando que la defensa de la soberanía puede articular alianzas políticas más allá de matices partidistas.
Más que una disputa diplomática: un símbolo de resistencia
La respuesta groenlandesa intercala demandas de respeto al derecho de los pueblos con una crítica implícita a las prácticas imperialistas de potencias como Estados Unidos, que desde el siglo XIX impusieron y reutilizaron territorios ajenos para sus propios fines estratégicos. Las palabras de los líderes groenlandeses resuenan como un acto de resistencia: no será un superestado extranjero el que dicte el rumbo de su historia.
Como advierten analistas progresistas, esta disputa no puede leerse únicamente como un conflicto geopolítico más, sino como un desafío directo a la persistencia de lógicas de dominación y apropiación territorial que históricamente han sometido a comunidades indígenas y minoritarias en todas las regiones del mundo.
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