
INFILTRADOS (2) La maquinaria: cómo se coordina el ruido digital
Semanario LA RAÍZConocer al enemigo y cómo se organiza: Así lo hace el fascismo digital español
El núcleo: la célula de coordinación
En el centro hay un grupo reducido —no más de seis personas— que define cada semana los temas, el tono y las frases clave.
“Había alguien que hablaba de dinero, de presupuestos. Todo sonaba a algo más grande que un grupo de Telegram.”
A esa célula la llaman “los del despacho”. Son quienes elaboran el argumentario semanal:
Narrativa objetivo: el mensaje principal que debe calar.
Argumentos tipo: frases cortas y contundentes.
Ataques previstos: colectivos o figuras públicas elegidas como “enemigo útil”.
El nivel operativo: los 52 “sembradores”
Por debajo del núcleo actúa una red de unas 50 personas activas.
Es el grupo que Luis conoció más de cerca.
Cada mañana, entre las 8:00 y las 9:00, llega un “kit diario” con instrucciones:
frases para comentar,
hashtags recomendados,
enlaces donde intervenir,
memes listos para compartir,
y un tono emocional sugerido (indignación, ironía o victimismo).
“Si el tema era inmigración, te lo daban todo hecho: frases, vídeos, datos falsos. Solo tenías que publicarlo.”
Roles dentro de la red
Rol
Función
Redactores:
Crean textos cortos para copiar y pegar.
Diseñadores exprés:
Hacen memes y carteles patrióticos.
Sembradores:
Publican los mensajes iniciales.
Amplificadores:
Retuitean o difunden para inflar el impacto.
Guerrilla:
Atacan directamente a periodistas o activistas.
Observadores:
Miden qué funciona y reportan resultados.
“Nos decían que no éramos trolls, éramos soldados culturales.”
Qué función cumple cada red
Cada plataforma tiene un propósito dentro de la estrategia:
Red social
Objetivo principal
Telegram / WhatsApp
Coordinación interna y envío de materiales.
Twitter (X)
Campo de batalla principal: forzar tendencias.
Facebook
Colarse en grupos vecinales o de noticias locales.
Instagram / TikTok
Difundir con estética juvenil y emocional.
YouTube / Twitch
Espacios para vídeos más largos y propaganda.
“En Telegram daban la orden, en Twitter se lanzaba el ruido, y en Facebook lo veía tu tía.”
Cómo se mide el “éxito”
La red vive de métricas y capturas de pantalla.
Se celebra cuando un hashtag sube o cuando un periodista responde.
“No importaba si eran insultos o desmentidos. Lo importante era que se hablara del tema.”
En esta lógica, el ruido es el objetivo.
No buscan convencer, sino saturar el espacio público hasta que nadie pueda distinguir verdad de manipulación.
Los satélites externos
Fuera del grupo operativo orbitan influencers, opinadores y medios afines que repiten el discurso y le dan legitimidad.
“Nos decían: ‘Esperad media hora, ya veréis cómo lo comparte uno grande’. Y pasaba.”
Así, un bulo local puede convertirse en tendencia nacional y acabar siendo comentado en televisión.
Los turnos
Aunque nadie lo llama así, hay turnos: mañana, tarde y noche.
Mañanas: para golpear cuando abren los medios.
Mediodía: para colarse en el consumo casual de redes.
Noches: para lanzar mensajes más agresivos, con menos control.
“El patrón era claro: golpear, amplificar, dejar rastro y desaparecer.”
Las conexiones políticas
Luis nunca vio dinero, pero sí coincidencias sistemáticas con campañas de Vox, Hazte Oír y medios ultras.
Los argumentarios giraban en torno a los mismos temas: inmigración, feminismo, memoria histórica o subvenciones.
“El mensaje del grupo y el del político se parecían demasiado como para ser casualidad.”
Signos de coordinación
Los rastros son fáciles de detectar si se sabe mirar:
Cuentas nuevas con bandera y lema.
Mensajes idénticos en medios distintos.
Hashtags impulsados en franjas concretas.
Cuentas que desaparecen cuando el tema se enfría.
Tres olas de actividad al día. Siempre el mismo ritmo.
No es espontáneo. Es guion.
La lógica emocional
El sistema se basa en una idea simple: el odio moviliza más que el debate.
Tres emociones clave:
miedo, humillación y orgullo.
Son las que más se comparten y más rápido se propagan.
“Nos decían: ‘No informamos, provocamos’. Y eso era todo.”
Epílogo
“A veces pienso que no hacíamos política, sino ingeniería emocional.
Si consigues que la gente tenga miedo, ya no piensa.
Eso es lo que aprendí.”
—Luis
Nota de la redacción:
Esta investigación forma parte de INFILTRADOS, una serie elaborada durante más de seis meses con testimonio directo de una fuente dentro de la red digital de la ultraderecha española.La identidad de “Luis” ha sido modificada por motivos de seguridad.



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