
CANARIAS: PARAISO PARA TURISTAS, INFIERNO PARA SUS HABITANTES
Semanario LA RAÍZ
Bajo el eterno mantra de que "vivimos del turismo", se nos inoculó durante décadas que le debíamos la vida a promotores turísticos, touroperadores y "negociantes varios". De tanto consumir que "vivíamos en el paraiso" nos llegamos a creer que éramos "los más afortunados del mundo" , a pesar de que, salvo en las "zonas turísticas" el infierno social era evidente. En el colmo de los colmos, ingentes cantidades de dinero público han sido destinados para convertirnos en un parque temático cada vez mayor, en un monopoly para mafiosos, en un un mercadillo de desalmados, en un plató de cine donde los canarios somos secundarios que ni hablar dejan.
Nos han casado con una mentira gigantesca de la que ahora vemos su expresión más burda y exagerada. Detrás de su turismo de masas vendido como maná de riqueza, había un tsunami de destrucción medioambiental, de población sin control, de mayor brecha social, de "todo por la pasta y todo vale" en la que el ciudadano de a pie vale céntimos y el cliente turístico es un billete de 500 euros.
Ningún economista serio podría explicar cómo en un lugar donde circula tanto dinero, éste no llegue a la par y holgadamente a las familias. Salvo que en su explicación añadiera que es lo normal en las colonias, donde "los nativos" son sólo el atrezzo del decorado, junto a la palmera y el sol radiante, de la que en el fondo es sólo una finca en explotación. Más de 60 años "viviendo del turismo" con los ranking más elevados de todo lo malo. El infierno social en el paraiso del turismo europeo.
Y en medio de esta película bananera que somos, el canarito que cree, como quien ojea las fotos del Hola o el Lecturas, que "algún día podrá vivir y disfrutar" de la suerte reservada para esos turistas del "todo incluido". Un canarito que vive en el espejismo de que "al menos tiene el papel de cenicienta" en este cuento donde nunca "vivirán felices ni comerán perdices".
Un lugar donde tan pocos se hacen ricos a costa del sufrimiento de tantos no es un paraíso. Paraiso seríamos con sueldos justos, todas los derechos sociales cubiertos de manera óptima, una economía dirigida al bien común, una gobernanza liberada de corrupción e ineptitudes. Con soberania nacional.
La resignación no es una opción. Claro que habría alternativas. Claro que podríamos ser una Noruega en el Atlántico, pero hay quien se empeña en que seamos " las sirvientas y parientes pobres de una Europa colonialista y sus multinacionales".
Mientras ellos celebran "sus récords" de viajeros, turistas, o ocupación hotelera, nosotros sumamos cada vez más emergencias (ambiental, hídrica, habitacional, poblacional, social...). Mientras ellos "se compinchan" para ir más allá aún "colonizando" hasta el último metro cuadrado de nuestro suelo para su negocio, nosotros "bailamos" incomprensiblemente con sus mantras.
Tenemos que crear las condiciones para que "se vuelva la tortilla": para nosotros el para ellos y para ellos el infierno. Basta de "sosteniblabla". Acabemos con esta farsa donde es el turismo el que vive de nosotros y no al revés. Menos turistas y más beneficios para el canario. Paraíso para todos y no sueldos de miseria, mientras 4 se ponen ricos. "El pastel debe ser repartido" y ya está bien de que los de fuera se lleven la mayor parte. Eso o va a llegar un día en que tiremos todo el negocio abajo porque la estancia " de sus clientes" en nuestras islas la convirtamos en un infierno...por lo que nosotros estamos pasando


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