
MUCHO MÁS QUE VOTOS: HAY QUE GANAR LA GUERRA CULTURAL
Semanario LA RAÍZ
Pensar la Canarias que queremos, no pasa por soñarla, sino por tener realmente la narrativa, el relato, una alternativa seria y creíble que nos proyecte como una opción deseable para la mayoría social canaria. Y esto no va sólo de economía, de modelo, de acumular fuerzas y unir militancias o activismos. Va de poner raices, pilares, cimientos que penetren en el tejido social y su psique colectiva más alla de unas elecciones u otras. Va de ganar una guerra cultural que tiene muchos frentes y se librará en mil batallas previas. Va de que dejemos atrás lo que no nos ha servido, "refundemos" nuestro ideario para adaptarlo al siglo XXI y coloquemos como prioridad la idea de que tenemos que ser un "instrumento del país" y no usar al pais como instrumento.
El colonialismo español nos ha ganado la guerra cultural durante siglos. Su relato de que "Canarias y los canarios no son, ni serian nada sin España", es un mantra incuestionable para una abrumadora mayoría de nuestro pueblo. Sobre esa máxima consigna "cultural" se han adosado cientos más, que han servido para incrustrar masivamente una idea: somos españoles (europeos) y no seremos más que eso jamás.
Sólo emprender una guerra cultural donde dejemos de ir a "rebufo", vayamos dibujando relato, escenarios y consensos nuevos, dejemos de aparecer como resistentes para ser proponentes, puede de verdad "revolucionarlo" todo. Hablamos de una guerra cultural que va mucho más allá de lo identitario. Hablamos de invadirlo todo y que nuestro relato responda a los miedos y expectativas de la gente.
Sólo hace falta ver cómo las guerras culturales ganadas por la izquierda vencieron al "liberalismo clásico" o cómo las derechas han rearmado sus narrativas para tumbar el avance de sus contrarios. La España actual es un claro ejemplo: hoy la ultraderecha franquista ha conseguido crear un clima a su favor y se ha vuelto a hacer fuerte, a base de socializar narrativas viejas quevñ parecen nuevas.
El soberanismo canario que existe, debe dar paso a un nuevo soberanismo. Un soberanismo que no renuncie a su meta, pero sí que deje su papel de vanguardia residual y afronte el papel que le dará la victoria: preparar, armar y ejecutar una batalla cultural que use un relato y acción politica que gane apoyos, complicidades y sinergias. Si nuevos sectores sociales nos ven como útiles, atractivos, cercanos e instrumentos de cambio real, pasaremos de "residuales" a mayoritarios.
Aunque sólo sea porque sus siglas son históricas, el PNC, con otros, es el llamado a hacer todo esto realidad
(HABRÁ AMPLIACIÓN)



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