
RECUERDOS DEL ALMA

En las islas, en los tiempos del monocultivo del tomate, se construyeron este tipo de infravivienda.
Eran las cuarterías, un grupo de pequeñas edificaciones (cuartos) destinadas a vivienda temporal, cuyas condiciones de habitabilidad y salubridad eran precarias.

Casi siempre dispuestas en línea, algunas entorno a patios.
En algunas de ella y en el portón central se ubicaban las pequeñas cocinas, separadas por delgados tabiques. Otras se las apañaban con hornillos en el mismo cuarto.
A ambos lados del portón se hallaban los cuartos, con unas dimensiones de quince a veinte metros cuadrados cada uno, y en los extremos se encontraban situados los baños: en un extremo, los destinados a los hombres y en el otro, los destinados a las mujeres.
En las proximidades de los baños estaban las piletas para lavar la ropa.
En cada cuarto habitaba una familia y dormían todos juntos sobre papeles de periódicos, mantas y algunos en catre. Madre, padre, hijas e hijos y otros familiares que pudieran ayudar en la zafra.
Recuerdo ver en el barrio de Calderín por el sur de la Gran Canaria colocar el capataz una silla y una mesa en medio de las tierras y con un ayudante armado. Si, con una escopeta de caza.

Nos sorprendió la cantidad de personas, principalmente mujeres, mayores, niñas y niños que habían y en la cola esperando por el salario, solo unos pocos hombres.
Resulta que se contrataba a uno y se le asignaba el terreno a trabajar y el tiempo en que tenía que hacerlo y como el solo no podía, pues se traía a la familia y a amigos. Pagaban a uno y trabajaban muchos mas. Algunas familias tenían cinco y seis hijos. Esto lo se, porque eran datos que recogíamos para el estudio.
Era principio de los ochentas y realizabamos un trabajo para el EDEIC (Equipo de Estudios e Investigación de Canarias), contratado por el MOPU sobre los movimientos recurrentes y no recurrentes de la población.

Tuvimos que recorrer, principalmente a pata, todos los rincones de la isla, para ver las necesidades de vías para la comunicación.
En las imágenes hay unos invernaderos actuales, de los de plásticos, ahora mismo abandonados pero que siguen desprendiendo calor y un fuerte olor a lo que llaman productos fitosanitarios. En aquellos tiempos los tomates se plantaban en latadas que se construían con cañas.
Gracias a la lucha a partir de mediados de los sesenta se consiguió acabar con este tipo de explotación que era considerada un sistema semifeudal, con derecho de pernada.

Así y todo la explotación continuó de otra manera, con violaciones, abusos. Nuestra sorpresa al ver en un cuarto común dos lavadoras, una nevera y televisores en la mayoría de los cuartos. Estos eran obligados a ser comprados por los trabajadores al patrón, quien los vendía a través del capataz y se les descontaba del salario.



RECREAN LA LLEGADA DEL SOLSTICIO INDIGENA CANARIO EN UN CORTO




Una Canarias para los canarios… también cuando enfermamos





