EL FACTOR "ALBERTO": ¿PODRÍA SER UN RECLAMO?

CANARIAS 11 de junio de 2022 Por Jose Antonio Delgado
Ayer y hoy saltaron todas las alarmas en el llamado Pacto de las Flores. El anuncio de que Alberto Rodríguez estaría dispuesto a encabezar una candidatura ecosoberanista de cara a las elecciones del próximo año en Canarias, ha generado un impacto mediático importante pero también "terror" en Podemos, Nueva Canarias y hasta el mismísimo PSOE. A las simpatías que despierta Rodríguez entre sectores diversos, se le sumaría el clarísimo divorcio surgido entre decenas de miles de votantes de izquierda, ecologistas y canaristas y las fuerzas políticas que se presentaron como alternativa a CC y la derecha españolista, representantes todos de un modelo económico y político destructivo para Canarias y los canarios.
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Nadie pone en duda a estas alturas que Alberto Rodríguez ha sabido jugar sus cartas. Al menos esas que lo colocan a día de hoy como el "muñeco roto" de un Podemos que vio en él el punto "exótico" para aquel Congreso de los Diputados donde irrumpieron para "tomar el cielo por asalto". Rodríguez es un ejemplo de esos muchos jóvenes activistas e idealistas que creyeron en aquello y que, a medida que fueron observando el progresivo "enmoquetamiento" de sus ilustres "compas", se desengañaron. El ex diputado tinerfeño fue sacado a "togazos" de su escaño y vio como el "Godemos" de la M-30 lo dejaba también tirado. Hoy espera a que el mismo abogado que defiende jurídicamente a Puigdemont le gane su batalla contra la justicia española y le repongan sus derechos políticos. Lo de él y lo de los más de 50 mil canarios que le votaron y cuya voluntad también ha sido "botada" de la cámara de representantes de la metrópoli.

Decimos que el terror se ha adueñado de la "izquierdita rosa y morada" aquí en la colonia y también en NC, porque ese espacio político, social y electoral al que se refiere ahora Rodríguez y que estaría por un "cambio del recambio en Canarias", es aquel que ha quedado huérfano tras el giro, otro giro más hacia el oportunismo, que los integrantes del pacto de las flores han dado. Dice el ahora "disidente" Alberto Rodríguez, que se ha dado cuenta de que los partidos estatales no ven más allá de la M-30 y que Canarias necesita de un proyecto propio, autocentrado, de obediencia canaria y popular. Evade el tinerfeño usar el término nacionalista o soberanista, pero sus guiños y reconocimientos a los soberanistas vascos y catalanes de izquierdas parecen querer decir que su "decolonización mental" es sincera.

En algunas de las entrevistas que se le han realizado desde que algunos medios modestos, y que ,como La Raíz, levantaran sus planes, el ex de Podemos, se muestra abierto a abrir un proceso de confluencia de distintas sensibilidades y corrientes políticas que tendrían en común la necesidad de un proyecto de obediencia canaria, lejano eso sí a los que así se llaman hoy pero son en realidad dependentistas y limosneros de Madrid.

Haría bien Alberto Rodríguez en dejar las cosas un poco más claras. Dejar Podemos para abrazar a Yolanda Díaz, por mucha autonomía que les prometiera la nueva diva de la izquierdita española, es un viaje al fondo del barranco que además le quitaría todo el tirón a su iniciativa. Ya Podemos era confederal, era de izquierda, se sacaba fotos con la tricolor de siete estrellas y quedó de manifiesto que eran igual de godos políticamente hablando. Qué decir de Podemos en Canarias, puros escuderos del PSoe y hasta socios del cacique gomero. Lo de ser otro apéndice de otro partido español es un viaje perdido. A eso de "ser de obediencia canaria" le pasa como a la noción de "nacionalista canario", esto es, que si no hay verdad tras las etiquetas mejor te quedas en ese limbo sin alma, que se degrada, como la fruta fresca que viene congelada.

Es verdad que hay mucho canario huérfano de una opción con la que identificarse y a la que apoyar. También es cierto que hay al menos un 45% de canarios que ni votan desde hace mucho. Pero haría bien Alberto Rodríguez en hacer valer eso que ha defendido estos días, eso de que "nunca más dependientes de Madrid" o lo de "no ser sectario", porque si va a tirar sólo de lo que se ha caído por desilusión a Podemos, NC y PSOE no le va a ser suficiente. 

¿Puede Alberto Rodríguez ser el pegamento para conformar una nueva UPC?. Una UPC en donde se recoja "lo popular" y no "lo sectario". Una UPC donde de verdad no se abandonen las ansias y necesidad de soberanía de este pueblo nuestro y no se experimente sólo con una autonomía que no sirve. Pero sobre todo una UPC que de verdad sirva para empoderar al pueblo canario y no el sólo colocar en las instituciones a gente para ser "cenicientas del sistema y de un estatuto".

Quienes defendemos que Canarias es una colonia y se la trata como a tal,le pongan el estatuto que le pongan, ya hemos vivido experimentos en donde "la obediencia canaria" es sólo un trampolín que no lleva a más lugar que a seguir siendo "igual de dependentistas" y acomplejados con miedo a ser nosotros mismos. Pero también los que creemos en que, algún día, mejor más temprano que tarde, los pasos de este pueblo deben cristalizar en un verdadero proceso de liberación nacional, no podemos sentarnos a esperar, sólo criticar y disentir de todo y de todos, sino caminar para hacer con otros lo que no hemos sido capaces de hacer y ganar solos. Y para quien tenga dudas de esto último, que miren como tanto les gusta, a otras latitudes, donde los "independentistas" han crecido y madurado abriéndose a confluir con otros sectores.

Dice Alberto Rodríguez que "de entrada no caben las líneas rojas". Los anticolonialistas sólo pondremos el cordón sanitario que la experiencia nos marca: ¿apéndices del colonialismo español?, no gracias y ahí incluímos a quienes, llamándose demócratas, en evidente muestra de endofobia política, nada quieren saber del soberanismo y anticolonialismo canario.

Ojalá los soberanistas sepan estar también a la altura, ya que también están en su propio pozo por deméritos ganados a pulso, pero haría bien Alberto Rodríguez en contar con ellos porque hay muchisimo potencial entre sus filas, muchas más de lo que se traduce en votos desde siempre.

Alberto Rodríguez, obrero, canario, joven, de barrio, pero con simpatías ciertas entre un sector amplio de la sociedad canaria, reconocimiento y conocimiento entre los medios de comunicación y dicen "buena persona" además de "víctima de la falsa democracia española", es un activo político que no deberían desconsiderar muchos. LA oportunidad parece cierta. 

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