"¿Quién, que en las Afortunadas,
 por su fortuna, naciera,
 viéndolas pobres, diezmadas,
 de otro pueblo esclavizadas,
 su libertad no quisiera?”

Secundino Delgado


SECUNDINO DELGADO: SECUNDEMOS SU EJEMPLO

Los ideales de una Canarias Libre nacen del amor y no del odio. Crecen desde la inquietud de ver como la injusticia y el maltrato se ceba con nuestra tierra y nuestra gente. Ser anticolonialista es un acto de legítima defensa, una actitud y un reto frente a una realidad adversa que no es la que merecemos.

LO QUE PENSAMOS José Carlos Martín 11 de marzo de 2021
secun


Dicen que aquello que se ama o se odia permanece mucho más tiempo en nuestra memoria. La diferencia estriba sin embargo en que, mientras más recordamos lo que nos llevó a amar, más vida rememoramos, mientras que, a más veces convocamos lo odiado, más vida nos quitamos.

Sean pues estas letras para rememorar a alguien que amó, que amó profundamente a su tierra, hasta el punto de tener que alejarse de ella para poder sobrevivir, hasta el punto de morir por la causa de verla sin tutelas, sin cadenas, sin injusticias ni pobreza.

Porque entregar la vida por una causa es sobre toda las cosas y primeramente, un acto de amor. Nadie que pudiera tener otra opción de vida, elige el camino más áspero, más tortuoso, más duro, si no es porque una fuerza interior tan poderosa como el amor, se coloca en primera fila. Amor entendido como empatía ante el sufrimiento humano, como valor para superar el miedo a las consecuencias de enfrentarse a quienes causan dolor o injusticia. Amor entendido como esa energía que trasciende a lo que se colma sólo con dinero o pura ambición. 

Secundino Delgado sólo era un hombre de su tiempo que, por amor, renunció a una vida más cómoda, más fácil, más tranquila, para entregarse con pasión a la causa de la emancipación de propios y foráneos, de su propio pueblo y de otros, a la conquista de un mundo mejor sin olvidar que ese mundo incluía también la patria que lo vio nacer. 

Secundino no fue ningún iluminado, ni debe ser entendido como Mesías de causa alguna, porque en él, el ideal de concebir a los pueblos y a los seres humanos como sujetos libres de elegir su propio destino, es lo que prima. Pareciera esto no tener mucho mérito pero, es que en cualquier época, aquellla persona que se levanta para que otros dejen de vivir como esclavos, como súbditos o castrados para provecho de unos pocos, es sobre manera una persona valiente, enamorada de una noble causa.

Secundino se adelantó a su tiempo, dio el primer paso, reunió el valor y la capacidad política para soñar despierto con una Canarias con voz y protagonismo propio en el mundo. Hoy nos parece algo obvio, pero en su tiempo se podía morir por ello, como así fue.

El Secundino que tildó de Madrasta a España, pero que trató como hermanos a los españoles de a pie, el Secundino que optó por luchar por la libertad de su patria, pero que al tiempo entregó energías y esfuerzos por la también independencia de otros pueblos o la liberación social de trabajadores donde quiera que existiera explotación, es un Secundino que se mueve a favor de causas de la humanidad y no contra ella. 

El Secundino que abanderaba la defensa de los derechos básicos y fundamentales de la mayoría, de la libertad de expresión y opinión o que condenaba el uso de la violencia del Estado contra los de abajo, era un Secundino que, por encima de todo, era un ser comprometido con los sentimientos más nobles, esos que precisamente significaban y significan alejarnos de la caverna, de la barbarie de ayer y de hoy.

Ya quisieran otros que hablan de próceres, de padres de la patria, de naciones, tener como inspiradores de su hecho nacional a un ser humano que no distinguía entre razas, entre hombres, entre pueblos para reivindicar la libertad.

Secundino Delgado Rodríguez, primer impulsor del pensamiento político canario con sello propio, sigue siendo un desconocido para muchos porque la historia de este pueblo nuestro, como la de otros pueblos, la escriben, la ocultan o la distorsionan los vencedores. Si otra fuera la correlación de fuerzas o incluso la altura de miras, Secundino Delgado Rodríguez aparecería en la historia de Canarias no como una anécdota, sino como un referente intelectual del pensamiento canario de primer orden, con mucha más lucidez que algunos que hoy sólo se disfrazan de canarios y hasta de nacionalistas sin serlo.

Hay quien dice que todo adquiere otro valor cuando se lo observa con la perspectiva del tiempo. Que lo que es verdadero pervive y lo que ya era en sí mismo insustancial, caduca y termina muriendo. Que más de un siglo después de su muerte Secundino y su causa vivan, aunque las derrotas patrias sean muchas más que las victorias, aunque los de arriba sigan arriba y los de abajo sigan abajo, demuestra cuando eternos pueden ser unos y cuan efímeros pueden llegar a ser otros que casi, si los dejan, se ven como estadistas en estas peñas atlánticas.

Alguien dirá que la causa de Secundino está perdida porque no gana en las calles ni en las urnas. Que esta causa es pura utopía, obviando sin ningún rubor que la cruda realidad que padecemos sí que está demostrando ser peor desde el rigor de los hechos. Alguien dirá que hay que ceñirse a un futuro más posible y enterrar el deseable, como si esto de la democracia ya no consistiera en ganar el poder para el pueblo, sino perpetuar a quienes, desde distintas siglas, está claro que no lo son. 

¿Quiénes son los trasnochados y quienes los modernos?

¿Los que siguen sembrando muerte o los que seguimos demandando vida para nuestra gente?

¿Los que hacen por perpetuar el silencio o los que exigimos la palabra y respeto para esta tierra?

¿Los que son indiferentes al olvido o los que defendemos la memoria?

¿Los que ahondan en nuevas formas de humillación y desprecio o los que reivindicamos dignidad y verdadero progreso?

¿Quiénes son esos que se llaman modernos, de este tiempo?

¿Los que miran para otro lado ante la opresión o los que claman  por la humana rebeldía?

¿Los que nos llevan de nuevo a la esclavitud o los que claman hasta por nuevas libertades?

¿Los que han convertido la palabra constitución más en una imposición que en un marco de verdaderas libertades?

¿Qué democracia es esa que convive con corruptos, asesina derechos y libertades, perpetúa a las mismas castas y coronas?

Dicho todo esto, rememorar a Secundino no debe ser entendido como copiar a pies juntillas todas sus ideas, porque otro era su tempo, pero tal vez sí su ejemplo, ante tanto político convertido en profesional, tanto vendepatrias.

Recordar a Secundino sí, para recuperar la necesidad que tenemos los canarios de cimentar en todos los aspectos un pensamiento político propio, que dé respuesta a problemas y retos que tenemos ante nosotros desde hace muchos siglos y siguen sin solución.

Y no ya sólo por la ceguera política de la metrópoli. Mucho de lo que sigue ocurriendo en Canarias es por deméritos nuestros. Nuestras derrotas son más culpa propia que logros o victorias de quienes cercenan nuestra verdadera libertad. Hoy sería otro el panorama, distinta la correlación de fuerzas, si las diferencias entre canarios y/o entre los nacionalistas canarios consecuentes, hubieran sido vistas como riqueza desde la que construir país y no como estériles palos en nuestras propias ruedas.

La historia de los pueblos que finalmente han vencido, también nos debe enseñar que flagelarnos por errores propios o descargar sobre hombros ajenos fracasos que son compartidos, no fueron el camino de su emancipación, sino ingrediente añadido de su fracaso colectivo. 

Tomemos el ejemplo de amor, lucha y sacrificio por su tierra que dio Secundino. Asumamos ese espítitu suyo de ser capaz de luchar por otras tierras y otros pueblos, sin renunciar nunca a la causa de la libertad de su Patria. Hagámos como él de nuestra lucha un acto de amor por nuestra gente y nuestra tierra y nunca una muestra de odio o desprecio por otros pueblos y naciones de este planeta. 

Grande Secundino Delgado Rodríguez, secundemos su ejemplo, su causa, su acto de amor por la libertad de los seres humanos y los pueblos. Por Canarias.

 

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