
UNA MOCHILA, TRES DÍAS Y MUCHAS PREGUNTAS: QUÉ NOS ESTÁ DICIENDO REALMENTE BRUSELAS
Semanario LA RAÍZ
Una mochila con linterna, agua, radio, medicamentos y comida no perecedera para tres días. No es el último anuncio de un supermercado ni una estrategia de márketing apocalíptico, sino la recomendación formal que ha hecho la Comisión Europea a la ciudadanía. La escena no es nueva para quien haya vivido un terremoto en Japón o un huracán en el Caribe, pero en el contexto europeo esta imagen —casi distópica— choca, incomoda y, sobre todo, plantea preguntas.
¿Qué está viendo Bruselas que no estamos viendo nosotros? ¿O, más bien, qué está viendo que no nos está contando del todo?
GOBERNANZA DEL MIEDO O PEDAGOGÍA DE LA PREVENCIÓN
En términos de gobernanza, el anuncio forma parte de un manual más amplio de preparación ante emergencias. Se vende como una medida de responsabilidad ciudadana, pero en realidad puede estar marcando el inicio de un cambio profundo: una política de anticipación ante un entorno más volátil, incierto, complejo y ambiguo. Lo que en Bruselas llaman “estrategia de resiliencia”.
La mochila de tres días es el símbolo. La idea es sencilla: si algo ocurre, no esperes a que llegue el Estado; ten un plan. Esa descentralización de la protección implica un nuevo contrato implícito entre ciudadanos y gobiernos. No estamos hablando de abandonar al individuo, sino de prepararlo para asumir parte de la carga cuando las estructuras tiemblen.
UNA PEDAGOGÍA DE CRISIS SIN PÁNICO (PERO CON AVISO)
El mensaje no es alarmista, pero sí inquietante. Bruselas no está diciendo “va a pasar algo”. Está diciendo: “podría pasar algo, y deberías estar preparado”. Pero en el actual contexto geopolítico y climático, eso basta para que el ciudadano medio se haga la pregunta que la Comisión no responde:
¿Y qué es ese ‘algo’?
¿Estamos hablando de conflictos armados? ¿De un gran apagón? ¿De sabotajes a infraestructuras críticas como los gasoductos? ¿De ciberataques que bloqueen los sistemas bancarios? ¿De un desastre natural? ¿De todo eso a la vez?
Lo cierto es que Bruselas no improvisa. La recomendación llega en un momento donde se acumulan señales:
-La inestabilidad energética tras la guerra de Ucrania.
-Las recientes advertencias de la OTAN sobre amenazas híbridas (ataques no convencionales, desinformación, sabotajes).
-Las consecuencias del cambio climático, cada vez más visibles.
Y el aprendizaje de la pandemia: lo improbable ya no es excusa para no estar preparados.
EL RIESGO COMO HERRAMIENTA POLÍTICA
También hay un elemento de gobernanza estratégica aquí. Enseñar a la población a vivir con la posibilidad de crisis es una forma de fortalecer la legitimidad institucional. Si algo falla, se podrá decir: “te avisamos”. Pero además, genera una narrativa que justifica ciertas decisiones: inversiones en defensa, controles sobre infraestructuras, campañas de comunicación institucional y, llegado el caso, medidas de excepción.
Sin caer en el alarmismo ni en la teoría de la conspiración, lo cierto es que esta mochila nos está hablando también de la nueva forma de gestionar el poder en Europa: un poder que, en lugar de asegurar certezas, gobierna sobre el riesgo.
¿Y EN CANARIAS, QUÉ MOCHILA NOS TOCA LLEVAR?
Visto desde Canarias, el anuncio de Bruselas tiene matices propios. Somos un territorio fragmentado, alejado del continente, vulnerable a interrupciones logísticas y con una dependencia casi total del exterior en materia energética y alimentaria.
Aquí, el concepto de “tres días de autonomía” es, más que un consejo, una necesidad estructural.
Basta con recordar lo que ocurre cada vez que hay un temporal fuerte: puertos cerrados, líneas aéreas paralizadas, estanterías vacías en los supermercados. La pregunta no es si debemos prepararnos, sino por qué no lo hemos hecho ya de forma estructural.
El mensaje europeo, bien traducido al contexto canario, debería ser una llamada a repensar nuestra logística, nuestra soberanía alimentaria y nuestra infraestructura crítica. No desde el miedo, sino desde la autonomía. Porque resiliencia aquí no es una palabra de moda: es una urgencia geográfica.
UNA MOCHILA COMO SÍMBOLO
No estamos ante una profecía, sino ante un aviso. Uno que no dice lo que va a pasar, sino lo que podría pasar. Y ese “podría” es lo que cambia la política del futuro: menos certezas, más preparación.
La mochila no es una alarma. Es un espejo.Y lo que refleja no es el fin del mundo, sino el tipo de mundo que estamos empezando a habitar.
Como ya ocurriera durante la pandemia, habrá quien se suba a una parra conspiranoica y habrá también quien consuma toda la narrativa del miedo que cree el sistema, pero es evidente que estamos ante escenarios en donde poco decidimos y que no dejan espacio ni para esperar mucho de los gobernantes ni para dejarnos llevar por la improvisación.
Cuando el río suena, agua lleva...y piedras y demás materiales de destrucción.
Alguien en Canarias debería estar pensando en un plan de gobernanza ante estos escenarios, con "contenidos canarios" para variar. Y no sería mucho pedir, sino un acto de proactividad responsable porque aquí tendríamos muchísimo más que lamentar.



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