MIRAR POR NOSOTROS MISMOS DE UNA VEZ POR TODAS

EDITORIAL 08 de abril de 2022 Por Editorial
En Canarias somos campeones del buenismo y la solidaridad ajena. Pareciera que mirar por nuestros propios intereses generales no fuera con nosotros. Los ponemos en manos de otros ajenos o simplemente ni recabamos en cuáles son estos. Admitimos incluso que no se tenga una mirada anticolonial de lo que acontece, pero es que nisiquera se tiene para hacer valer este autogobierno de andar por casa, esta autonomía que no se reivindica sino para pedir limosnas a Madrid.
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En Canarias hay dos tipos de actitudes frente al hecho nacional canario. Una pasa por negarlo, por entender nuestro país como un apéndice, como una extensión misma del territorio continental español. Hasta la geografía intentan "encajonar" a lo político, queriendo huir de unos prejuicios que tienen una cierta dosis de ignorancia y otra de racismo.

En su mirada interior, " lo canario" es un orgullo reducido casi a la anécdota y como tal proyectan su canariedad, donde lo folklórico llega a ser hasta su única derivación política. Quererla llevar más allá, la canariedad o el canarismo como algo que englobe la economía, la política, las relaciones internaciones, les aterra.  Huyen de ello como alma que lleva el diablo, como si sentir en canario tuviera que ir divorciado de pensar en canario, de defender los intereses generales del archipiélago en todo lo concerniente y afecte a los ciudadanos canarios fuera un atrevimiento.

¿Reivindicar competencias plenas y únicas en Hacienda no es vital para unas islas que mendigan a Madrid una minúscula parte de lo que aquí se crea o factura?¿Reivindicar con propiedad, seriedad y coherencia la suficiente soberanía para puhar por aguas y recursos marinos que sería nuestros es un atrevimiento?.¿Exigir que nuestra condición misma de archipiélago, limitado en su carga poblacional, no es mirar para nosotros mismos, pese a quien le pese?.

Tener una mirada anticolonial ante lo que nos rodea, nos hace dejar de mirar hacia abajo como resignados o hacia arriba como aquellos que tienen su rodilla en suelo, en cuerpo y alma entregados. Nos hace dejar de mirar a los celajes, a diestra y siniestra, esperando soluciones que se toman en otros lados. Preferimos mirar hacia y por nosotros mismos, hacia adentro para hacerlo después de frente, hacia un horizonte que debe ser distinto, mejor y NUESTRO.

¿De que sirve la canariedad, el canarismo, un supuesto autonomismo, si no incluye llevarlo al terreno de los garbanzos, la calidad de vida, los derechos fundamentales, un respeto real a lo que condiciona nuestras vidas en estas islas nuestras?

Con quienes entiendan esto de la canariedad sólo como su lugar de nacimiento, su consumo per cápita de gofio mañanero o participación en cuarta generación en romerías y hasta público de Tenderete, la cosa mejor dejarla por lo casi utópico que sería su mayor amplitud de miras. Entre quienes lo llevan al terreno de mascarita del carnaval o estar sólo enamorados de nuestro paisaje para hacer senderismo, pero de conciencia para defender los atropellos constantes que sufre, la cosa está difícil. Sería un insulto a la inteligencia del que esto lee, que necesiten ser independentistas para ser mejores canarios. No, claro que no. Lo que les reivindicamos es que fueran ellos mismos los que se tuvieran una consideración mayor, un respeto por su dignidad misma, una actitud menos dócil y sumisa ante lo que cuentan que padecen. La resignación, el dejar hacer, la indolencia, un casi absoluto abandono de su capacidad de rebeldía no es sano, ni normal, ni admisible.

En la mirada de otro grupo de canarios hay al menos un menor toque de eunucos. Son los canarios de mirada larga, pero de una presbicia infinita para lo que ocurre a su alrededor. Son los "autoproclamados" internacionalistas de mil causas, los "entregados" con la solución de los problemas del mundo, pero que sin embargo colocan la pobreza de sus paisanos como algo menor, el sufrimiento de los que padecen aquí como un punto aparte y menos prioritario, según su particular balanza. En esa "mirada de faro" suya, el sistema falla allá lejos, pero aquí asume a su leal escudero, un colonialismo español que no nos deja avanzar, progresar, dejar de depender. 

Unos y otros repudian las propuestas de los que reivindicamos, que menos, dejar de ser una colonia. ¿Porqué no son capaces siquiera de debatir eso?. ¿Es que entre ser tratado como colonia y no serlo no hay un espacio donde podríamos entendernos?. En esa corta mirada, que es ceguera, sin más argumentos que la descalificación gratuita, vanal, inflada de tópicos, el tema se huye. Ni se plantean una mínima mirada de reflexión sin prejuicios, un replanteamiento de sus posiciones, aunque sólo fuera por ser permeables a alternativas a lo que saben modelo agotado, aunque lo nieguen. Ambos son dependentistas, ambos convierten en un acto de fe que algún día mejorará su situación, que viven en un paraíso aunque en verdad sea un limbo eterno.

Tener una mirada anticolonial, una actitud de rebeldía ante lo acontece no nos convierte en más canarios que ellos y ellas, pero nos sitúa en mejor disposición para salir de esta neblina histórica, económica, social y política permanente. Nos hace dejar de mirar hacia abajo como resignados o hacia arriba como aquellos que tienen su rodilla en suelo, en cuerpo y alma entregados. Nos hace dejar de mirar a los celajes, a diestra y siniestra, esperando soluciones que se toman en otros lados. Preferimos mirar hacia y por nosotros mismos, hacia adentro para hacerlo después de frente, hacia un horizonte que debe ser distinto, mejor y NUESTRO.

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