Des-obediencia canaria: es ahora o nunca. 

Mucho se ha usado y abusado de la connotación "obediencia canaria". Sobre todo quienes la han usado para esconder sus complejos y sus tics que, en la práctica, terminan siendo de vasallaje y sumisión a la metrópoli. Eloy Cuadra reflexiona en torno a ello y concluye que lo que se necesita es una acumulación de fuerzas en torno a la idea de la "desobediencia canaria".

LA BAJA DEL SECRETO22/08/2022 Eloy Cuadra
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En casi 30 años que llevo en Canarias jamás había visto tan claramente como hoy la magnitud del expolio, de la agresión, del robo continuado que están sufriendo este archipiélago y sus gentes a manos del capital y sus dinámicas corruptas y depredadoras. Así las cosas, si vives en Canarias y amas esta tierra -al margen de que hayas nacido o no aquí-, y si amas esta tierra por encima de lo que amas tu negocio o tu pequeño y limitado mundo, no puedes más que reaccionar a esta agresión y rebelarte hasta decir ya está bien. Basta para verlo con una somera descripción de la realidad isleña actual. Y no descubrimos nada si decimos que en Canarias arrastramos los peores indicadores sociales en cuanto a paro, pobreza, precariedad laboral, paro juvenil, nivel educativo, calidad de la sanidad pública o coberturas sociales, no descubrimos nada porque así ha sido siempre. Tampoco decimos nada nuevo cuando afirmamos que sufrimos una de las clases políticas más corruptas, ineptas y cobardes del Estado, y es que esta ha sido también la norma por Canarias desde hace muchas décadas. ¿Qué es lo que hace  entonces estos tiempos diferentes?, preguntarán algunos. Es sencillo, las coyunturas económicas, la global y la local, han cambiado ostensiblemente y ambas sumadas provocan que en la actualidad estemos sufriendo la tormenta perfecta que va camino de vender Canarias entera a capitales y especuladores extranjeros empobreciendo de paso a más de la mitad de la población autóctona. 


La coyuntura global ya la conocemos: primero una pandemia que trae crisis, represión y encarecimiento de todo -y no podemos hacer nada porque es un problema global-; después una guerra que trae más crisis, más miedo, inflación y encarecimiento -y  tampoco podemos hacer nada-; y para rematarlo el temido cambio climático, que acentúa aún más las crisis y trae restricciones, incertidumbre y más encarecimiento de la vida.  A esta realidad global le sumamos la coyuntura económica local, que no es otra que un paraíso fiscal con el mejor clima del mundo, oportunidades de negocio para todas las mafias y especuladores que hay a este lado del mundo, que en la actualidad arrasan con viviendas, terrenos, negocios y todo lo que pueda ser comprado, y una economía basada en el turismo moviendo cada vez más dinero que entra y sale sin dejar aquí apenas nada más que trabajo mal pagado, impacto ecológico, contaminación, superpoblación y consumo de recursos.  Ahora piensen qué lugar ocupa el canario medio o pobre residente nacido o no en Canarias en toda esta martingala de pelotazos. Pues, básicamente ve pasar el dinero por delante de sus narices y muy pocos son los que pueden subirse al carro de la prosperidad, y no les llega para alquilar o comprar una casa con los precios batiendo records por obra y gracia de los fondos buitres, el alquiler vacacional y una nefasta gestión política, y no tienen para comer y así van engrosando las colas del hambre, y mucho menos hay para tener una buena sanidad cada vez más privatizada o acceder a una educación decente también cada día más privada, y por esta vía cada vez hay más gente en Canarias tomando ansiolíticos y menos proyectos de familia. 

Tras este escueto análisis de la realidad actual llegamos al fin a la clase política y a la pregunta objetiva que hemos de hacer: ¿cuál es el plan que tienen nuestros políticos para Canarias en un futuro a medio y largo plazo? Una pregunta que se contesta sola a poco que estemos al tanto de lo que hacen y proyectan sus señorías: un paraíso fiscal con monocultivo turístico sin moratoria alguna y apostando por el desarrollismo infinito, con una bajada de pantalones vergonzosa ante todo tipo de multinacionales y especuladores extranjeros, sin una sola ley, medida o freno que amortigüe la magnitud del expolio, con cero capacidad de autogobierno o de que los canarios podamos decidir y disponer de nuestros recursos y riquezas propias, y todo ello ha sobrevenido con el gobierno supuestamente más progresista de la historia de Canarias. Con estos gobiernos progresistas... ¡¿para qué queremos derechas?! 


En este punto de nuestra reflexión sólo nos queda ya una pregunta: ¿qué podemos hacer los canarios despiertos y preocupados ante esta realidad? Y bien, lo cierto es que margen y posibilidades tampoco hay muchas, entre ellas podemos optar por escapar de Canarias a otras latitudes donde las cosas no estén tan mal, pero quizá esta decisión no sea mucho menos cobarde que las que habitualmente toma nuestra clase política. Así las cosas nos toca quedarnos, y si nos quedamos y no hemos perdido ya toda esperanza en lo que se puede hacer desde la política, la única alternativa viable a largo plazo para no seguir repitiendo lo mismo es apostar por una confluencia que sepa estar valiente y decididamente contra todo lo malo que nos trae este capitalismo salvaje de las corporaciones, que no tenga atadura o sumisión alguna con ningún poder político con sede fuera de Canarias. Lo voy a decir más claramente por si no se me entiende bien: ni Si se Puede, ni Unidas-Podemos, ni Sumar, ni Izquierda Unida, nada de partidos que se presentan como de izquierdas alternativas y sociales y acaban rindiendo pleitesía a  los mismos de siempre, en Madrid, en Bruselas o en Wall Street; ni por supuesto PSOE, Coalición Canaria, Nueva Canarias o cualquier otro partido con sobradas muestras de no haber conseguido nada bueno para Canarias en muchos años de trayectoria. La única opción viable a medio y largo plazo es un frente común básicamente de izquierdas con vocación independentista -aunque puesta esta meta en un segundo plano de lucha muy a la larga- y des-obediencia canaria. Y ustedes dirán, ¿cómo que desobediencia? Lo pongo con un guión para enfatizarlo y recordar la reciente propuesta del auto proclamado candidato Alberto Rodríguez cuando dijo que optaba a liderar un proyecto de "obediencia canaria". Y aquí siento discrepar con Alberto, creo que no es buena palabra "obediencia" para iniciar un proyecto que se pretende revolucionario. ¿Obediencia a quién?, ¿a otro nuevo líder?, ¿a otra nueva camarilla pero esta vez canaria?  No señor Alberto, en Canarias lo que se ha hecho desde hace ya unos cuantos siglos es obedecer, ¿y de qué nos ha servido tanta servidumbre?. De modo que si hay que apostar por un proyecto que sea por uno que no tiene miedo a desobedecer y así lo proclama. Un proyecto que no obstante no será fácil de conformar, con la división habitual en las alternativas políticas canarias de este corte. Un proyecto que debería ser horizontal, lo más posible, capaz de aglutinar a cuántas mayores fuerzas sociales y políticas pueda, con liderazgos repartidos y compartidos, y sobre todo construido por personas que antes que amor al poder, a la fama, al reconocimiento o a sus proyectos particulares, tengan un profundo, sincero y desinteresado amor por esta tierra y por sus gentes, sobre todo por sus generaciones futuras. Es ahora o probablemente no sea nunca, ahora porque como decía al principio, nunca antes como ahora la evidencia del expolio ha sido tan manifiesta, y es ahora o tal vez nunca,porque cada vez queda menos gente capaz de creer que aún es posible hacerlo, y porque además puede que pronto, con la inclinación al autoritarismo que lleva el mundo, puede que ni siquiera te dejen intentarlo.   

Eloy Cuadra,  escritor y activista social. 


 

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