
Gran Canaria tiene un límite y el cacique Antonio Morales lo ha sobrepasado
EDITORIAL19/10/2024
Semanario LA RAÍZ
A pocas horas de nuevas manifestaciones en toda Canarias, Antonio Morales hace llegar a la sociedad grancanaria una de esas homilías con tufo mesiánico y una carga insoportable de oportunismo y demagogia. Cree el listo que los demás somos bobos. El presidente del Cabildo se aferra a su retórica vacía, confiando en que los grancanarios no ven las contradicciones de su gestión, marcada por el clientelismo, la sumisión a los intereses multinacionales y la destrucción del territorio. Morales ha pasado de ser un líder que prometía sostenibilidad y justicia social a convertirse en un cacique moderno, incapaz de rendir cuentas y dispuesto a entregar la isla al mejor postor.
Uno de los mayores ejemplos de su hipocresía es el Siam Park de Gran Canaria, un proyecto que Morales ha calificado de "interés insular". Resulta irónico que, mientras habla de la necesidad de gestionar responsablemente los recursos hídricos de la isla, impulse un parque acuático que devorará enormes cantidades de agua, un bien escaso y cada vez más valioso. Pero este no es un proyecto para los grancanarios; es otro servicio a las multinacionales del turismo, que solo buscan sacar provecho económico, sin importar las consecuencias para el medio ambiente y la población.

Morales también ha demostrado ser un depredador del territorio con su respaldo al megaproyecto de Chira-Soria, una obra faraónica entregada a una multinacional foránea. Mientras nos habla de soberanía energética, lo que en realidad está haciendo es hipotecar a la isla durante décadas para que una empresa externa controle sus recursos energéticos. Nos quiere hacer creer que este proyecto beneficiará a los grancanarios, pero la realidad es que son los inversores quienes se llevarán las ganancias, mientras el costo ambiental lo pagarán las futuras generaciones.
El futuro de la isla también se verá comprometido por su empeño en construir un tren que conectará Maspalomas con Agaete, un proyecto desproporcionado que responde más a los intereses urbanísticos que a las verdaderas necesidades de la isla. Morales está dispuesto a poner patas arriba Gran Canaria, favoreciendo a los especuladores que esperan construir a lo largo de la nueva línea, ignorando el impacto ecológico y social que estas decisiones conllevan.
Quizá el colmo de su estrategia destructiva es la creación del Parque Nacional de Guguy, presentado como un triunfo de la conservación cuando, en realidad, es otro proyecto pensado para los especuladores. Morales abrirá las puertas para que se venda a trozos La Aldea y otros espacios protegidos, facilitando la construcción de resorts y complejos turísticos de lujo que destruirán uno de los últimos rincones vírgenes de la isla. En lugar de proteger el territorio, lo está entregando a los intereses económicos que se apoderan de todo cuanto tocan.
Pero lo más preocupante de esta situación es que el posible sucesor de Antonio Morales, Teodoro Sosa, no promete mejorar la situación. De hecho, el actual alcalde de Gáldar se perfila como un populista sin escrúpulos que, en estilo y ambición, podría superar a su propio mentor. Si Morales ha sido un cacique con un discurso verde que oculta su sumisión a los intereses foráneos, Sosa se presenta como una versión aún más peligrosa, alguien capaz de utilizar el populismo más descarado para consolidar su poder a cualquier costo.
Sosa ha demostrado en Gáldar que su estilo de gobierno está marcado por el personalismo y la manipulación política. Un líder sin reparos en utilizar los recursos públicos para fortalecer su red de lealtades y construir una estructura de poder que le garantice control absoluto. Bajo su mando, el riesgo es que Gran Canaria vea acentuada su deriva hacia un modelo de gobierno opaco, populista y aún más servil a los intereses de los grandes capitales. Morales ha abierto el camino para la explotación de la isla, pero con Sosa en el poder, Gran Canaria podría enfrentarse a una nueva etapa de despojo aún más acelerado y devastador.
Gran Canaria no puede permitirse seguir a merced de un líder que vende promesas vacías mientras entrega la isla a los intereses especulativos. Antonio Morales no es el líder que la isla necesita; es el cacique y demagogo que ha traicionado a su tierra y que está destruyendo el futuro de Gran Canaria. Pero, peor aún, el futuro de la isla podría estar en manos de alguien como Teodoro Sosa, cuya ambición sin escrúpulos podría profundizar aún más la crisis que vive Gran Canaria. Es hora de que los grancanarios pongan un límite, no solo a Morales, sino también a quienes amenazan con continuar y agravar su legado de expolio.



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