SAN LORENZO:UNA USURPACIÓN SIN REMEDIAR.

LA BAJA DEL SECRETO 17 de abril de 2022 Por Alejandro José
La memoria histórica canaria tiene en San Lorenzo (Gran Canaria) uno de esos episodios que deben ser recogidos en su justa medida, para así poder distinguir a héroes y villanos, injusticia y represión, luz de oscuridad. Nuestro colaborador Alejandro José nos acerca a ese proceder de justicia.
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El municipio de San Lorenzo se usurpó a punta de pistola. Los intereses del cacicazgo capitalino, amparados en la fuerza armada fascista y los violentos miembros de Falange española tumbaron la legítima representación consistorial de los sanlorenzanos, la cuál suponía un peligro para el orden establecido.

Un municipio eminentemente agrícola, de censo numeroso, que, superando el miedo a las extorsiones y represalias del cacicazgo isleño escogió al Partido Comunista de San Lorenzo como grupo de gobierno, con Juan Santana Vega a la cabeza, en la que fue la última votación democrática del municipio. Si desde hacía tiempo San Lorenzo suponía un problema para la burguesía capitalina, deseosa de expandirse por los terrenos correspondientes a dicho municipio, la victoria popular de los sanlorenzanos crispó aún más los ánimos de quienes, poco después, acabarían usurpando el poder por la fuerza de las armas.


El fascismo se alzó sobre el archipiélago tras la insurrección militar comandada por el propio comandante militar de Canarias, Francisco Franco, el cuál aprovechó su posición favorable en las islas para generar una oleada de terrorismo que acabó con las pocas posibilidades de defensa que tenía el pueblo canario en aquellos momento. Militares y paramilitares contra civiles, la balanza estaba totalmente descompensada.

Aún con ello, los focos de resistencia existían, y San Lorenzo era uno de ellos. Y no sólo suponía un problema para los fascistas ese hecho sino que, además, era un punto estratégico que podía ahogar a los sublevados de la capital, en cuestiones logísticas y de recursos. Sin San Lorenzo, controlar Gran Canaria desde Las Palmas se antojaba una odisea. Era pues, clave, desbaratar la resistencia popular del municipio sanlorenzano lo antes posible y, con ello, tomar control del mismo y lograr anexionarlo a la capital, para hacer cumplir los anhelos expansionistas surgidos décadas antes.


Finalmente, y a pesar de la brega vecinal para evitarlo, los militares, fascistas y esbirros del cacicazgo isleño, tomaron el control del ayuntamiento y, tras dos años de saqueo continuado y dejación de funciones por parte del gobierno títere, en 1939 se oficializó definitivamente la usurpación.


Tras este repaso breve, pero necesario, de los acontecimientos generales de aquellos días y sus motivantes, procedo a realizar un análisis comparativo entre este hecho localizado en el anexionado municipio kanarií y los elementos clave en la histórica contradicción de clases y colonialismo del archipiélago en general.


Observamos, por ejemplo, que la clase dominante (cacicazgo, burguesía criolla, metropolitana y extranjera), amparados en los cargos públicos, afines e impuestos, y la fuerza militar y terrorista (a cargo de las fuerzas armadas de ocupación, el lumpenproletariado e, inclusive, los propios  caciques), socava de manera reiterada los alzamientos populares y los movimientos democráticos-proletarios para seguir sosteniendo los numerosos privilegios que les genera el sistema colonial (feudal durante siglos, capitalista hasta la actualidad) como clase dominante. San Lorenzo, por tanto, como municipio con la clase campesina y obrera organizada y empoderada, supone un escollo para mantener inmóvil el sistema que les ampara.


Podemos comprobar también, con el triste ejemplo histórico que nos lega San Lorenzo, que la burguesía y cacicazgo de las islas juegan un papel fundamental en el sostén del sistema colonial, teniendo un comportamiento sistémico, por tanto, de lumpenburguesía; es decir, sus intereses de clase no se centran en la explotación propia del país canario sino en la salvaguarda de la explotación colonial, de la que toman privilegios a partir de la intermediación entre la gestión del archipiélago y los intereses y designios de la metrópoli. Aquí observamos pues, que en vez de utilizar la insurrección fascista del ejército español para tomar el control de la isla (en este caso en concreto), y el archipiélago en general, durante la guerra en España para generar un cambio en el status quo que los coloque como clase dominadora única, afianzan el sistema cargando contra el pueblo trabajador canario a favor de los intereses coloniales.


Significativo en este análisis comparativo es señalar como a la clase dominante no le bastó con imponerse con militarismo y terrorismo al proletariado sanlorenzano sino que, además, arrasaron con el consistorio municipal y lo anexionaron a la capital. Pudieron limitarse a imponer una administración títere (como así hicieron desde 1937 a 1939) y gestionar el ayuntamiento a conveniencia, pero optaron por acabar con él. Aquí observamos el proceder colonial-españolista de dicha clase dominante, siendo éste idéntico, por herencia, al que tuvo el imperio de Castilla en su arribada a Canarias (que practicaba ya por aquél entonces en Al Ándalus y León, y que más tarde practicaría en América): La usurpación del poder establecido en la población nativa, la anexión del territorio con imposición de sus propias instituciones, el robo generalizado y la "negación de existencia", por omisión y avasallamiento, del orden anterior. Ni siquiera hoy día el consistorio capitalino es capaz de actuar con distinto proceder y restituir, más que fuera en parte, la usurpación realizada. Sigue existiendo la necesidad de parasitar San Lorenzo para sus proyectos de expansión urbanística, condenando (como mismo se hizo en Las Palmas) a la extinción del antiguamente poderoso sector primario.


Estos hechos, pues, convirtieron sin quererlo, por la fuerza de las armas, al usurpado municipio en un ejemplo "a pequeña escala" del proceder histórico del sistema colonial en el archipiélago cuando el movimiento popular amenaza el orden establecido. Es por ello, además, que se impone el silencio ante dichos hechos, recordándolo hoy día únicamente gracias al esfuerzo de las familias de los represaliados de entonces, las cuales llevan décadas bregando por el esclarecimiento y la divulgación de lo sucedido. Crímenes de lesa humanidad que aún hoy se ocultan en gran medida, borrando una parte esencial de la memoria isleña a favor de la pervivencia del status quo colonial.


Pasan los años y se sigue sin hacer un mínimo de justicia. No cabe duda que, tarde o temprano la memoria histórica se impondrá, gracias al derrocamiento del sistema colonial y del capitalismo; sin duda la arribada de la sociedad comunista al archipiélago pondrá en valor a los caídos y su lucha popular, pero cierto es que muchos se fueron de este mundo sin poder ver respetado el legado de dignidad y solidaridad que dejaron sus familiares. Ellos, quiénes cogieron el testigo de la lucha y la hicieron pervivir a pesar de tener el sistema en contra, también deben ser reconocidos como parte vital de la memoria histórica. Sin su gran labor para con todas nosotras, manteniendo viva brega contra el olvido inducido, estaríamos perdidas, incapaces de conocer nuestro pasado, entender nuestro presente y construir un digno futuro.

 

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