
47 AÑOS DEL ASESINATO DE JAVIER FERNÁNDEZ QUESADA: UNA HERIDA ABIERTA EN LA MEMORIA DE CANARIAS
Semanario LA RAÍZ
Este 12 de diciembre se cumplen 47 años del asesinato de Javier Fernández Quesada, un joven estudiante grancanario de 22 años que murió a causa de un disparo de la Guardia Civil en el campus de la Universidad de La Laguna, en Tenerife. Su muerte, en el contexto de una huelga general, marcó un episodio trágico en la historia reciente de Canarias, vinculado a la violencia institucional que persistió durante los años de la llamada Transición española.
Un joven comprometido con su tierra
Javier, estudiante de Biología, era conocido por su compromiso con las causas sociales y su simpatía por el movimiento independentista canario. Como tantos jóvenes de su generación, creía en la posibilidad de construir una sociedad más justa y en la necesidad de reivindicar la identidad y los derechos del archipiélago. Su muerte no solo truncó una vida llena de promesas, sino que también simbolizó la represión de un Estado que no toleraba la disidencia.
La jornada del 12 de diciembre de 1977
En aquel día de huelga general, convocada para denunciar las precarias condiciones laborales y exigir libertades democráticas, el campus de la Universidad de La Laguna se convirtió en un espacio de protesta pacífica. Sin embargo, la intervención de la Guardia Civil rompió la calma. Los agentes irrumpieron en el recinto universitario, disparando indiscriminadamente. Javier fue alcanzado por una bala mientras se encontraba en las escalinatas del edificio central. Falleció casi al instante.
La conmoción y la indignación se extendieron rápidamente por todo el archipiélago, con manifestaciones multitudinarias en las que se exigió justicia. Pero, como en otros casos similares, las respuestas institucionales fueron insuficientes. La investigación judicial se trasladó a la jurisdicción militar, un hecho que selló la impunidad de los responsables.
Un asesinato que no puede olvidarse
El asesinato de Javier Fernández Quesada se inscribe en un periodo de la historia de Canarias y España donde las fuerzas represivas actuaron con total impunidad. Mientras que la narrativa oficial ha intentado consolidar la idea de una Transición "modélica" hacia la democracia, casos como el de Javier evidencian que este proceso estuvo lejos de ser pacífico o ejemplar.
En el contexto canario, la muerte de Javier resuena aún más profundamente. Su compromiso con su tierra y con las luchas por una Canarias libre y digna lo convierten en un símbolo no solo de la represión sufrida, sino también de la necesidad de mantener viva la memoria y las causas que él defendió.
Una alerta ante los peligros actuales
La conmemoración de este aniversario también sirve para reflexionar sobre los peligros que acechan en el presente. Movimientos y discursos de extrema derecha, que en otros tiempos operaban en las sombras, buscan nuevamente hacerse visibles y consolidarse. Recordar y exigir justicia por Javier no es solo un acto de memoria histórica, sino una herramienta para resistir a quienes pretenden reinstaurar el autoritarismo y el desprecio por las libertades.
La lucha por esclarecer su muerte y la de tantas otras víctimas sigue siendo una deuda pendiente con la historia de Canarias y su pueblo. Ni olvido, ni perdón. La memoria de Javier Fernández Quesada vive como un llamado a seguir defendiendo la justicia y la dignidad.


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