
PERIODISMO BASURA Y CACIQUISMO 2.0: NO TIENEN VERGÜENZA
Semanario LA RAÍZ
Hay piezas periodísticas que uno termina de leer y se pregunta cuánto costaron. El artículo sobre Onalia Bueno en Atlántico Hoy, firmado por Martín Alonso, tiene ese inconfundible aroma de publirreportaje encubierto, una especie de perfume barato que intenta camuflarse como alta costura. Pero lo barato se nota. Y el lector, que no es tonto, lo huele a kilómetros.
La pieza, más que informar, parece salida de un gabinete de comunicación con poca imaginación. Onalia Bueno aparece retratada como una política con “extensa experiencia internacional” en Honduras, México y Estados Unidos, pero ni rastro de pruebas. ¿Qué hizo exactamente? ¿Asesoró a presidentes, participó en cumbres de alto nivel o simplemente envió currículums que nunca obtuvieron respuesta? La falta de datos convierte su presunta carrera internacional en una anécdota de sobremesa.
Martín Alonso no cobró por mencionar que, con tanto máster en Ciencias Políticas, Bueno gobierna Mogán con las mismas formas que un cacique de otro siglo. Porque lo de dirigir el municipio como una finca privada no viene de ahora. Quienes conocen su gestión saben que en el Máster de Gestión Pública bien pudo suspender en los módulos de “Respeto a los funcionarios” y “Ética en el trato a la oposición”. Y en lo de ley electoral, ni se presentó al examen.
Un ejemplo sigue vivo en la memoria colectiva: el día en que Bueno fletó dos guaguas llenas de migrantes y los dejó abandonados en la Plaza de la Feria de Las Palmas de Gran Canaria, como si fueran un paquete devuelto a correos. Aquel episodio no fue un error aislado, sino la muestra de una forma de gobernar que pisa fuerte sobre la línea del populismo más descarado.
El problema no es solo la política. Es el medio que se presta a publicar un artículo que parece redactado desde el propio despacho de la alcaldía. Cuando la transparencia se convierte en escaparate y el periodismo en una herramienta de propaganda, el ciudadano pierde.
Si algo enseña este episodio es que la mala política sobrevive gracias al periodismo complaciente y a medios que confunden servicio público con rentabilidad privada. El resultado es un relato distorsionado, donde los caciques se disfrazan de gestores y las páginas de información se convierten en vallas publicitarias.
Onalia Bueno seguirá gobernando Mogán como si fuera su cortijo. Y Martín Alonso seguirá escribiendo publirreportajes disfrazados de periodismo. Pero, por suerte, siempre habrá lectores que distingan el cartón piedra de la realidad.


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