"¿Quién, que en las Afortunadas,
 por su fortuna, naciera,
 viéndolas pobres, diezmadas,
 de otro pueblo esclavizadas,
 su libertad no quisiera?”

Secundino Delgado


¡¡ESPEJITO!!... ¡¡ESPEJITO!!

En estas islitas nuestras, hay quien está ya más que aclimatado a vivir del “espejito” que significa una RIC, un REA, un REF, un status de ultraperiferia. Al fin y al cabo pasa como con aquellos indígenas americanos; creen que el intercambio tiene valor, que podemos darles “nuestro oro” a cambio de que nos hagan más carreteras, nos den más subvenciones, nos aumenten más calderilla en sus presupuestos porque no hay otra salida posible.

ACTUALIDAD Por: HIJOS DE CANARIAS 25 de marzo de 2021
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Dicen los cronistas de la antigüedad, que al iniciarse lo que resulta más justo llamar el Encubrimiento de América, era fácil convencer a los indígenas de que el intercambio de su oro por los “espejitos” era justo. También dicen esos mismos pregoneros de la historia oficial, que cuando aquellos indios descubrieron el verdadero valor de lo suyo y lo desigual del intercambio, también se enteraron de que el metal nada precioso pero sí preciso de los conquistadores, servía para atravesar sus cuerpos y borrar las infantiles sonrisas de gentes libres que habían reflejado sus espejitos.

 

Donde no se descubrió, al menos inicialmente, nada de valor como en Canarias, no hicieron falta espejitos y tampoco intercambio. Muerte o vida como esclavo o como súbdito fueron las opciones. El instinto de supervivencia es el más básico y da muchísimo de sí. En estas islas dio toda una consiguiente forma de entender la política, la economía, la sociedad, las relaciones humanas que, con las lógicas modificaciones, evoluciones, distorsiones y enmascaramientos que cada época pare en sus entrañas, tomó como denominador común y fruto consiguiente el dependentismo. Más adelante sostendré porqué tiene sentido que exista el término en tanto que existe el fenómeno que da pie a ello.

 

Cinco siglos son muchos siglos, muchas generaciones, muchas experiencias acumuladas, muchas demostraciones exteriorizadas e interiorizadas de hasta donde se puede llegar y qué límites no se deben rebasar. Cinco siglos es tiempo suficiente para que en el tuétano, primero de aquel aborigen convertido en esclavo, después en el de aquel bracero azucarero, más tarde en el de aquel mago del monocultivo de turno y probablemente hoy en el de muchos canarios de este siglo, haya quedado perfectamente instalada la falsa idea de que ser dependiente garantiza al menos la supervivencia. Porque es de instinto de supervivencia de lo que hablamos y no de una elaboración más desarrollada, más racionalizada, más fundamentada, cuando hablamos de la dependencia de Canarias y del canario. Hablamos de miedo a sobrevivir por sí mismo, miedo a no comer, miedo a sentirse desamparado, miedo a quedar proyectado a un futuro incierto.

 

Sólo así entenderíamos po rqué aquel aborigen accedió a perder su libertad, porqué aquel bracero a perder su dignidad, aquel mago a perder su identidad y el canarito de hoy a perder todo anhelo de buscar y conquistar otro modelo de sociedad, todo sentido de la rebeldía y cuestionamiento, toda razón de reivindicarse como tal en la cultura, en la historia, en la economía y en la política.

 

Un estudio del Banco de Santander, ese al que en Venezuela los “nuevos indígenas” pusieron de patitas en la calle, señala que en Canarias hay 10.200 ricos que, incluso en mitad de la anterior y presente crisis salvajes, tienen deseos “irrefrenables” de invertir grandes cantidades de dinero. Más allá, otro sondeo del BBVA, ese otro banco del que se quieren librar en América Latina por prácticas poco ortodoxas, decía que van a instalar en estas islas nuestras una oficina especial para las “grandes fortunas” que tienen detectadas y cuantificadas en alrededor de 1000, con un volumen superior en su conjunto patrimonial al presupuesto mismo del gobierno colonial. Son los que podríamos denominar como paradigmas de nuestra condición de islas afortunadas, aunque sólo en ellos residan las fortunas, porque eso sí, la agencia tributaria española deja claro que en Canarias es donde mayor desigualdad existe en el reparto de la riqueza, donde el 65% de los que viven de un salario apenas llegan a los 1000 euros mensuales. Para entendernos, que hay un nada despreciable pero minoritario número de “ricos podridos” y una inmensa cantidad de gente del montón que mira desde el escaparate el atracón aberrante que se están pegando algunos a cuenta del cuento.

 

Llegado el caso, vistos los datos, bajado el cabreo, asumida la injusticia, es cuando uno se pregunta cómo se consigue eso. Y vuelve a aparecer entre nosotros el término dependentismo y el momento de colocarle su conceptualización. Resulta curioso que el diccionario de la Academia de la Lengua Española tenga definición para independentismo, pero no la tenga para su opuesto. ¿Porqué si la hay de dependiente?. Tal vez porque políticamente en Canarias decir que existe mucho dependentista, mucho dependentismo, es tener que asumir cosas muy duras política y económicamente hablando o por que algunos que van de inmaculados o de progres prefieren mirar a los celajes que aceptar el papel trascendental que por ética y dignidad les correspondería.

 

En este paisito nuestro hay una clase dirigente, política y empresarial, muy interesada en seguir poniendo la mano a Europa, en ganarse el favor del gobierno español de turno que necesite sus votos o su pleitesía a cambio de unas perrillas. En estas islitas nuestras hay quien está ya más que aclimatado a vivir del “espejito” que significa una RIC, un REA, un REF, un status de ultraperiferia. Al fin y al cabo pasa como con aquellos indígenas americanos, creen que el intercambio tiene valor, que podemos darles “nuestro oro” a cambio de que nos hagan más carreteras, nos den más subvenciones, nos aumenten más calderilla en sus presupuestos porque no hay otra salida posible.

 

En Canarias nos hemos quedado sin sector primario, sin apenas secundario, con un terciario con fecha de caducidad, pero con un cuaternario vivito, coleando y siempre en expansión. Es el sector menos productivo, el que se alimenta gracias a los convenios, las subvenciones, los programas europeos, los proyectos que no conducen a nada, las exenciones y una monstruosa cadena de favores que se pierde en las fauces de la economía sumergida. Ahí vive el dependentismo y el dependentista, el dirigente político y empresarial al que le interesa que nada cambie, el sindicalista que no se rebela, el trabajador que sólo produce, el ciudadano que no aspira ya a más que, como aquellos indígenas, a sobrevivir.

 

El día que Fraga descubrió Maspalomas, España encontró el oro que nunca vieron los conquistadores europeos. El día que se sepa la riqueza que realmente generan estas islas a la Hacienda estatal y a las multinacionales que en ellas hay asentadas, pero que aquí no tributan descubriremos el timo del espejito canario. El día que a los dependentistas les retiren “la paga” otro día cantará.

 

No se confundan, aborrecer el dependentismo canario y a los dependentistas no es sinónimo de abrazar un independentismo ramplón, insustancial y trasnochado. Entre este dependentismo que llena los gaznates de cuatro colaboracionistas y las sacas del Estado y las multinacionales y apostar por el independentismo de museo, hay un colchón amplio que hay que explorar porque el mundo que se está configurando a nuestro alrededor nos puede tener como espectadores o como protagonistas, como mudos o como vivos, como ciegos o como listos, como una sociedad dependiente o una sociedad activa y productiva.

 

Son los dependentistas los que quieren que nos quedemos mirándonos el ombligo, que la modernidad sólo pase por sus vidas, que el progreso sólo llegue para que ellos sean más ricos, que nuestras posibilidades empiecen y terminen en Europa.

 

Los canarios, indígenas o no, nacidos aquí o no, nacionalistas o no, no podemos quedarnos con nuestro espejito y emulando a aquel cuento infantil preguntarle una y otra vez, llevados por la autocomplacencia y la ignorancia, aquello de …espejito, espejito, ¿verdad que somos las islas más afortunadas del reino?, porque el espejito, que también en este caso es el de la madrastra, siempre contestará una mentira.

 

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