LA  “MUDA” DE LAS CABRAS EN GRAN CANARIA:  SE RECUPERA LA TRASHUMANCIA POR CABREROS DE AGAETE.

LA BAJA DEL SECRETO 29 de octubre de 2022 Por Francisco Javier González
Hay quien piensa que recuperar la memoria, tradiciones y usos del pasado son hechos meramente emotivos sin más valor que el que se entronca con la raíz cultural. Afortunadamente otros demuestran que ese regreso sí que es progreso, que tiene incluso más enjundia porque es también economía y estilo de vida más saludable. El siempre ilustrador de todo ello, el patriota Francisco Javier González, nos da en este texto nuevas muestras de ello.
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Antes de que los españoles aparecieran por estas ínsulas africanas nuestros antepasados eran fundamentalmente ganaderos. Pastoreaban a  la oveja canaria pelibuey, sin más lana que la escasa del rabo, propia del Norte de África y especialmente adaptada a climas cálidos pero, sobre todo, convivían con y para las cabras, esto es, eran cabreros de nacimiento.

Tanto era así que, incluso después de la invasión, nuestros ancestros, tanto libres como esclavos seguían ligados al ganado, a las cabras. Los conquistadores intentaron sustituir a los cabreros indígenas por pastores españoles traídos de los áridos campos castellanos, pero no pudieron sustituir a los pastores indígenas. Así  lo encontramos reflejado en el Acta del Concejo celebrado en la isla de Tenerife por el Cabildo el 17 de mayo de 1506 por el que, en secreto, se acordó expulsar a los cabreros guanches alzados “porque son ladrones y roban toda la isla y destruyen ganado, de lo que se queja todo el pueblo”. El acuerdo se tomó para ser ejecutado cuatro meses después, pero NUNCA se ejecutó. ¿Por qué? Pues es sencillo, porque necesitaban ese plazo para traer a los pastores foráneos…que nunca llegaron porque los españoles sin fortuna en lo que pensaban era en la riquezas y el expolio de la recién invadida América y no en cuidar el ganado del que se habían apropiado los invasores. 

Los huidos y alzados vivían del ganado que tomaban por ser de sus padres y abuelos.  Lo encontramos así reflejado en el proceso a María Chinea en 1530, una gomera chipudana  de la que se asevera que formaba una “familia ponzoñosa, ella amancebada con un pastor de Igualero, sus hijos son ladrones de ganado porque dicen que el ganado de la isla era de sus abuelos y por eso habría que tomarlo”. 

El ganado así “recuperado” era utilizado también para “ahorrar” (alhorrar o liberar) a esclavos para convertirlo en hombres “horros” (libres). Lo vemos en una ordenanza del Cabildo tinerfeño de 1504 que ratifica otra de 1500 “de la que no se encontró el pregón que obligaba a que los esclavos guanches no pudieran ser “alhorrados” por compra a sus “dueños” si no hubieran sufrido 16 años de esclavitud :“sea avydo por ley (hordençança) dende el dicho año de quinientos, que todos los guanches y guanchas cativos non pudiesen ser horras syn servyr primero diez e seys años a su señor, por los muchos dapños e robos que fazian los dichos guanches pastores de los ganados, por que se ahorravan con los dichos robos los unos a los otros con los ganados de sus señores”.

En todas las islas se conocieron también las “apañadas” para coger al ganado que se criaba guanil. El sistema se sigue usando en Fuerteventura, pero hasta hace años se practicaba también –que yo conozca- en Gomera. Lástima que hoy hay Cabildos que pagan para que maten a tiros al ganado guanil y no se permite el apañar a esas cabras guaniles por los cabreros de la isla. 

En las islas de mayor relieve y montes cumbreros se usaba la “muda”. En Tenerife, rebaños de miles de cabras, sobre todo de los cabreros sureños,  su mudaban de las costas a las Cañadas del Teide. El último cabrero que hacía la muda a Las Cañadas fue Juan Carballo, de Izaña, hasta que en 1954 se declaró Parque Nacional y en el 56 subió con su ganado Juan la última vez. Todavía allí subsisten las cabañas que se usaban para los cabreros, pero ya no hay cabras. Han importado muflones para recreo de cuatro caciquillos. El hijo de Juan, Nicomedes Carballo Fariña, “el Negro”, en Chivisaya, fue tal vez, con sus 85 años a cuestas el último en subir a las cumbres por 2015 y en 2017 murió el chasnero Isidro Casanova, cabrero y poeta, que mudaba sus cabras a la zona de Guajara hasta que aparecían las nieves. En uno de sus poemas Isidro relataba toda su experiencia, desde niño, con sus cabras, su vida, en suma:

Me satisface decir
mi memoria es la de un chiquillo
yo fui aquel mago pastorcillo
que en esas cumbres andaba
con mi patita a  la llana
y velando por mis cabra 

En Hierro era “la mudada” de muchas familias enteras, con todos sus bártulos de una zona a otra de la isla según la estación. En La Palma, desde tiempos precoloniales, los pastores de los cantones de Tagalguen, Tijarafe, Tagaragre, Tenagua, Tedote y Adeyahamen abandonaban las costas en verano para subir hacia la Caldera de Taburiente donde siguen abundado los abrigos de piedra seca para los cabreros auaritas.

En Gran Canaria sucedía lo mismo, convergiendo en los altos los ganaderos de la costa. Es probablemente la única de nuestras islas en que la trashumancia –la “muda”- se mantiene. Hasta el año pasado seguían ovejeros trashumando con sus ovejas, aunque cada año el número de pastores realizando la muda ha ido disminuyendo peligrosamente. Se ha recuperado, hay que decirlo, la “pela” a tijera de las ovejas que parecía también que iba a desaparecer.

La última muda de ganados mixtos de cabras y ovejas fue en 2008, pero cuando se llevó a cabo la última trashumancia de ganado caprino solo, sin ovejas, nadie la recuerda. Por suerte para nuestra cultura ancestral ha resucitado.

Ismael García Jiménez, su compañera y su hermano, después de conseguir los permisos reglamentarios para atravesar Tamadaba sin que las cabras salieran de la ruta marcada ni causaran daño alguno al paisaje, partieron con su rebaño desde su lugar habitual en Las Longueras, en pleno centro del Valle de Agaete a mediados de septiembre. El día estaba lluvioso pero las cabras, a las que no les gusta desplazarse en días así, se portaron magníficamente. Por el ancestral “Camino de San Pedro” subieron hasta Tamadaba y la cruzaron para llegar a su destino en Guardaya de Arriba (Guardaya Oeste) perteneciente al municipio de Artenara, al pie y al sur del Andén Alto.

Se arriesgaron a subir porque el invierno en estos años atrás no parecía darse prisa, pero el subir, en verdad ha meritado la pena. Las cabras están a gusto, hay monte, buena hierba verde y agua pa’los animales. La temperatura ha sido buena y la cara sur de Artenara se muestra magnífica. 

Es la primera vez en muchos años y la antigua estructura construida para albergue de los pastores ha perdido puertas y ventanas, no hay electricidad ni se puede decir que sea un lugar cómodo, pero tiene techo lo que basta para que se guarezcan. La pariera se ha mostrado generosa en preciosos baifos y buena leche de las madres. Incluso un par de machos garañones guaniles se han acercado al olor de las hembras. Los han cogido y bajado hasta el Valle, demostrando que no se precisa acabar a tiros con el ganado guanil El ordeño se hace a diario y la leche se baja hasta Agaete para convertirla en el queso de un sabor que nunca puede dar un ganado estabulado.

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La familia García Jiménez ha demostrado que se puede tener ganadería caprina extensiva sin causar daños al paisaje y que, aunque necesite esfuerzos, se puede mejorar las instalaciones y hacerla grata y rentable.

 La “muda” de los rebaños de cabras, esa vieja costumbre conservada desde tiempos inmemoriales, felizmente, ha resucitado.

 Terminando el año regresarán al Valle hasta la muda próxima.

Adjunto las fotos sacadas por Ismael porque nos demuestran la belleza del ganado y de los cabreros lanza en mano, enmarcado el conjunto con el fondo, enormemente atractivo, del paisaje cumbrero grancanario que acompaña y hermosea los días y los sueños de los esforzados cabreros grancanarios.

Gomera a 28 de octubre de 2022

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