
Las Palmas no encuentra "flautista" para su suciedad
Semanario LA RAÍZ
En Las Palmas de Gran Canaria, la suciedad no discrimina: las ratas pasean por barrios históricos como Vegueta, se infiltran en establecimientos icónicos como El Corte Inglés y campan a sus anchas por las calles que bordean Las Canteras. Pero la plaga no es el único problema. Años de desidia municipal han convertido a la ciudad en una Hamelín moderna, sin un flautista que dirija a las ratas fuera del desastre.
Mientras las aceras del centro acumulan capas de mugre de décadas, los barrios periféricos exhiben otro síntoma del abandono: maleza que invade las calzadas, parques convertidos en solares fantasmales y mobiliario urbano que languidece sin mantenimiento. En barrios como Schamann o Santa Catalina, los vecinos llevan más de una década denunciando el deterioro, mientras las soluciones parecen quedarse en promesas vacías.
Cifras que indignan, ratas que proliferan
Con un presupuesto municipal de 635,9 millones de euros en 2023, el más alto de la historia de Las Palmas, 63 millones se destinaron específicamente a limpieza urbana. Sin embargo, solo se ejecutó el 54% de los fondos previstos en años recientes, según informes oficiales. ¿El resultado? Contenedores desbordados, baldeos inexistentes y la suspensión del contrato de desratización, lo que dejó a la ciudad sin un servicio esencial en el peor momento posible.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya había advertido: Las Palmas de Gran Canaria ocupa el quinto puesto entre las ciudades más sucias del Estado español. Y la realidad confirma esta evaluación. Vecinos del Barrio Atlántico denuncian plagas de pulgas, mientras que en Santa Catalina y Triana las cucarachas son tan habituales como los turistas.
Quince años de desidia: los responsables
Los últimos tres lustros han sido testigos de una sucesión de alcaldes incapaces de enfrentarse a la creciente crisis de limpieza:
Jerónimo Saavedra (PSOE, 2007-2011)
Juan José Cardona (PP, 2011-2015)
Augusto Hidalgo (PSOE, 2015-2023)
Carolina Darias (PSOE, 2023-presente)
Pese a los cambios en el liderazgo, la respuesta ha sido consistentemente insuficiente. En lugar de priorizar una solución estructural, las administraciones han dejado que el problema se agrave, permitiendo que barrios enteros queden sumidos en el abandono.
Empresas cuestionadas, ciudadanos desamparados
El servicio de limpieza en Las Palmas está subcontratado a empresas privadas, cuya gestión ha generado fuertes críticas por su ineficiencia. Pese a los millones invertidos, los resultados no se ven en las calles: contenedores rotos y desbordados, maquinaria insuficiente y una evidente falta de mantenimiento son el panorama cotidiano.
La falta de planificación se hace evidente no solo en el estado físico de la ciudad, sino también en la ausencia de medidas básicas para combatir las plagas. Con el contrato de desratización vencido y sin un concurso convocado a tiempo, los ciudadanos han quedado literalmente a merced de las ratas.
El hedor de la indiferencia política
Mientras la suciedad prolifera, el casco histórico apesta a orines y las calles de Las Canteras se cubren de capas de mugre, los ciudadanos se preguntan: ¿quién asumirá la responsabilidad? Los barrios periféricos, como Tamaraceite y Jinámar, languidecen bajo el peso del abandono, mientras las ratas se convierten en el emblema no oficial de la ciudad.
Las Palmas no necesita un flautista de Hamelín. Necesita una gestión comprometida, planificación estratégica y un uso efectivo de los recursos públicos. De lo contrario, seguirá siendo una ciudad sucia, atrapada en una melodía que atrae más caos que soluciones.


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