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La emigración canaria al Sahara: una historia de ida y vuelta

La historia nos guste más o nos guste menos, la cuente quien la cuente, vencedores o vencidos, objetiva o subijetivamente, recoge hechos, vivencias y situaciones pasadas por un pueblo. En este caso en este artículo se recogen episodios vividos en común por canarios y saharahuis. Aquí y allá, ayer y hoy. En estos días en que España vuelve a traicionar al pueblo saharahui es bueno recordar cómo lo hicieron ayer y para los saharahuis tener presente quienes sí que han estado con ellos desde siempre. Le toca a los saharahuis ahora descubrir que aquella España que les tenía como colonia también es la misma que tiene a Canarias como tal. Conozcamos algo de nuestro pasado en común.

OTROS CONTENIDOS 08 de junio de 2022 Yesica Álvarez
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Canarias y el Sahara han tenido a lo largo de la historia una estrecha relación. Los separan apenas unos cien kilómetros, hecho que ha provocado una unión no sólo a nivel cronológico en épocas compartidas, sino también a nivel económico y emocional. El Sahara fue -como Uruguay, Cuba y Venezuela- un destino en el que familias canarias proyectaron un futuro mejor y es que -aunque al otro lado del océano y sustancialmente más cerca- el sueldo doblaba y en algunos casos triplicaba al canario. Las expectativas de ver mejorar su nivel de vida y la educación de sus vástagos hacían, por tanto, de este lugar de África un horizonte querido.

En este artículos de Alegando Magazine!, de la mano de los trabajos de la doctora en Historia Beatriz Andreu Mediero que se complementarán con otras fuentes, andaremos por aquél tiempo en el que Canarias y el Sahara estaban unidos por el lazo de la emigración de los primeros a este territorio de África. Recordaremos esos tiempos en los que eran los canarios quienes llegaban a otras costas buscando una vida mejor, posibilidades educativas para sus hijos e hijas, y mayor estabilidad.

La década de los setenta fue así una época en la muchísimos canarios arribaron a las ciudades de El Aaiún y Villa Cisneros para desarrollarse laboralmente. Luego regresaron, aunque de manera forzada para muchas de esas personas que tuvieron que dejar atrás hogar, negocios, bienes materiales y lazos intangibles de arraigo y amistad. Fue cuando España incumplió su promesa de culminar el proceso de descolonización de su colonia que disfrazaba bajo el nombre de provincia. La metrópolis no sólo la abandonó, sino que la cedió a Marruecos y Mauritania a través de los Acuerdos Tripartitos de Madrid en noviembre de 1975; se trató de una violación flagrante -que aún perdura- del derecho humano a la libre determinación recogida en el Pacto Internacional de Derechos Humanos Civiles y Políticos que España ratificó apenas un año después.

Pero, vayamos por partes, ¿cuándo empezó esta estrecha relación entre Canarias y el Sahara? ¿Por qué los canarios emigraron al Sahara? Y lo que puede sorprendernos aún más: ¿por qué familias enteras fueron forzosamente repatriadas desde el Sahara?

El Sahara Occidental y sus recursos naturales


Menos de cien kilómetros separan las costas canarias de las saharauis, así que no nos es difícil imaginar que las conexiones y relaciones entre ambos territorios serían constantes desde que la navegación y el dominio del arte de la pesca lo hicieran posible. El banco canario-sahariano se posiciona, por tanto, como el factor común entre ambas orillas y fuente de alimento y riqueza.

El Sahara Occidental, o lo que se conocía como el Sahara Español, quedó conformado como colonia española desde finales del siglo XIX con la ultraconocida Conferencia de Berlín en 1885 en la que las potencias europeas se repartieron el mundo como si de un pastel de la abuela se tratase. España tomó Guinea Ecuatorial, Ifni y el Sahara y plantó en ellos su banderita. No obstante, en el caso del Sahara esta plantación no conllevó la culminación de la colonización hasta una fecha avanzada del franquismo.


En este sentido, podemos dividir la presencia de España en el Sahara en dos épocas bien diferenciadas, aunque ambas marcadas -como no podría ser de otro modo- en el interés de la metrópolis en la explotación de los recursos naturales de su colonia.

La primera época va desde la Conferencia de Berlín (1885) hasta la entrada en el poder del dictador Franco. En estos momentos se toman los territorios de Río de Oro y Sâguia el-Hâmra y se procede a la paulatina delimitación de fronteras con respecto a Francia. Se fueron ocupando así Villa Cisneros y La Güera. ¿Y por qué estos lugares y no otros? Pues porque fue allí donde se ubicaron las primeras factorías de pescado al estar cerca de los principales calderos. En esta primera época, como ya se habrán imaginado, el interés en el Sahara estaba vinculado principalmente a la pesca, en el que los canarios tenían, ¿cómo no?, su lugar. Así, el banco canario-sahariano se configura como la piedra filosofal que mueve el interés económico en la región y estaba prácticamente centrado en las localidades donde los canarios faenaban; es decir, Cabo Juby, Villa Cisneros y La Güera. Ahora bien, no sólo el sector pesquero se configura como central en esta ocupación, ya que el Sahara se posiciona también como enclave político y estratégico primordial por su posición en el Atlántico y como retaguardia del archipiélago canario.

La segunda etapa ya se advierte un dominio más férreo de la metrópolis en su colonia. Los acontecimientos y el orden socioeconómico impuesto en estos territorios irá en sintonía con la época autárquica y luego desarrollista del régimen franquista. Aquí sigue destacando el interés geoestratégico de la colonia como enclave de protección del resto de territorios en las costas africanas (incluida Canarias) pero, sobre todo, llamará la atención las nuevas posibilidades económicas que se visualizaban con descubrimientos de recursos naturales como el fosfato y el petróleo. Por tanto, una vez terminada la Guerra Civil española, se establece una nueva mirada sobre la colonia.

Esta nueva mirada o rejuvenecido interés será dirigido por el Instituto Nacional de Industria (INE) creado en 1941 con el objetivo de reconstruir y potenciar la economía de España en la dictadura. Al hilo de esta intención y dependientes del INE vieron la luz dos empresas: IPASA (creada en 1947 para el sector pesquero) y ADARO (para el sector mineralógico). No obstante, habrá que esperar a la época desarrollista o, lo que es lo mismo, la década de los sesenta y setenta para ser testigos del despegue económico de ambos sectores y al efecto llamada que llevará a miles de canarios al Sahara.

Es el desarrollismo industrial asociado a la pesca y a la actividad mineralógica lo que origina el efecto llamada y, en consecuencia, la marcha de canarios al Sahara
En esta época desarrollista de la dictadura franquista, se procede a una modernización del sector pesquero y a un desarrollo de infraestructuras no sólo en el Sahara sino también en Tenerife y Gran Canaria. La explotación del banco canario-sahariano y su internacionalización hicieron, por tanto, que los puertos de Tenerife y Gran Canaria fueran receptores de flotas internacionales que operaban en el propio banco o estaban en tránsito. En este sentido, numerosos negocios de servicios de reparaciones, almacenes, fábricas y las propias factorías y negocios asociados al tratamiento del pescado nacen en las islas capitalinas. No sería descabellado entonces afirmar que la explotación de la riqueza pesquera que comparte el Sahara y Canarias, permitió el desarrollo portuario con el que cuentan hoy estas islas. Por su parte, en el territorio saharaui de Villa Cisneros y, en menor media, en La Güera, empezaron a florecer con fuerza numerosos establecimientos para abastecer a una población en aumento.

Por su parte, el sector mineralógico se centró en las actividades de búsqueda y explotación de petróleo y fosfato. La empresa ADARO fue sustituida por ENMINSA (Empresa Nacional Minera, S.A.) en 1962 y posteriormente fue reemplazada por la empresa Fosfatos de Bucráa (Fos-Bucráa). Sin embargo, estas labores de búsqueda, análisis y prospecciones no sólo eran realizadas por dichas empresas españolas, sino que también había una presencia destacable de empresas norteamericanas. Todas estas entidades contaban con plantilla especializada para las cuestiones más técnicas, pero complementariamente a éstas se contaba con personal canario para desempeñar funciones, desde labores más o menos técnicas a cuestiones vinculadas a la construcción y servicios varios (cocina, lavandería, limpieza, etc.).

Tal y como ya hemos adelantado, es este desarrollismo industrial asociado a la pesca y a la actividad mineralógica lo que origina el efecto llamada y, en consecuencia, la marcha de canarios al Sahara; canarios que serán devueltos forzosamente al archipiélago en 1975 en la “Operación Golondrina”.

Emigración canaria en el Sahara Occidental


 Extraído de la Tesis de María G. Gulesserian Kaminsky (p. 187)
Los territorios del Sahara Occidental se posiciona como reclamo laboral para miles de canarios que buscaban ver incrementado su nivel de vida y sus oportunidades. El sector pesquero y el mineralógico eran fuentes de trabajo no sólo directa, sino también, indirectamente. Y es que además de las posibilidades de encontrar empleo en las factorías de pescados, en los puertos o en empresas de explotación minera, había un mar de posibilidades para el establecimiento de pequeños negocios. Así, las calles de El Aáuin y Villa Ciseneros fueron testigos del nacimiento de diversos comercios que se complementaban con la oferta de servicios por parte de los canarios: albañiles, transportistas, electricistas, fontaneros, maestros, cuidadoras de niños y niñas, personal de limpieza… No obstante, fue la empresa Fos-Bucaráa, la que mayores deseos despertaba y es que en su plantilla los canarios recibían un sueldo que llegaba a triplicar el que alcanzaban en el Archipiélago. No nos sorprende entonces que dicho salario, más las viviendas que ofrecían, supusieran para los canarios una oportunidad indudable. Pero no eran los únicos. Las ofertas de trabajo que publicaba el Gobierno muchas veces también incluían una vivienda.

Así para los canarios el Sahara se presenta como una oportunidad, una puerta abierta a un mundo mejor: mejores posibilidades educativas para sus hijos, mejores salarios y mejores oportunidades para el emprendimiento. No era así para los peninsulares, quienes generalmente veían este territorio como un lugar de tránsito del que salir lo antes posible, un sacrificio. Y es que en el Sahara Occidental la sociedad estaba estratificada, dividida en tres categorías: los militares, los funcionarios y los paisanos. Los canarios, salvo algunas excepciones, se encontraban mayoritariamente en este tercer grupo, siendo las relaciones económicas y los lazos de amistad más comunes y fuertes con la población saharaui que con los peninsulares. Estos últimos ocupaban los cargos más altos: eran militares y funcionarios.

Entre la población europea censada en 1967 los canarios representaban más de un tercio del total


La diferencia entre la consideración del Sahara como un lugar donde asentarse y echar raíces entre peninsulares y canarios, y el tipo de relaciones que establecían ambos grupos con los saharauis, no debe sorprendernos. Si aplicamos una lectura decolonial como la realizada en el artículo La colonialidad en la Historia de Canarias rápidamente nos damos cuenta que lo común entre el Sahara y Canarias no es sólo su cercanía geográfica, sino el tratamiento del lugar y de las gentes a partir de las diferentes dimensiones de la colonialidad, a saber: colonialidad del poder, del ser y del saber. Así, saharauis y canarios ocupaban una categoría social muy inferior al peninsular.

De las fuentes consultadas podemos extraer datos relevantes. Entre la población europea censada en 1967 los canarios representaban más de un tercio del total (3.317 canarios de un total de 9.395 europeos). Toda esta población extranjera estaba concentrada en el Aaiún y Villa Cisneros (se calcula que en 1974 el 96% de los europeos estaban concentrados en estas localidades). Esto facilitó sumamente la “Operación Golondrina”. ¿Qué es esto? Pues el retorno forzado de los peninsulares y canarios que vivían en el Sahara cuando España abandona a su colonia a manos de Marruecos y Mauritania sin culminar el prometido proceso de descolonización que nunca llegó y que mantiene aún hoy al Sahara Occidental a la espera de su independencia.

La Operación Golondrina o el forzado retorno a Canarias desde el Sahara

El año 1975 fue un año decisivo para el devenir de España y del Sahara. El 20 de noviembre de 1975 se hace pública la muerte del dictador Franco y la Ley 40/75 sobre la descolonización del Sahara que no fue tal cosa, sino una entrega acordada a Marruecos y Mauritania en contra de las Naciones Unidas y el Tribunal Internacional de Justicia.

A lo largo del año 1975 la tensión en los territorios del Sahara había ido en aumento: el Frente Polisario atacaba diferentes puntos para forzar un proceso de independencia y grupos nacionalistas marroquíes hacían lo propio pero, en este caso, para anexionar un territorio que decían que les pertenecía. España había anunciado a las Naciones Unidas ya en mayo de 1975 su decisión de dejar su colonia y, desde estos momentos, se preparaba la total evacuación del territorio que se pensaba realizar en un plazo de entre 12 y 18 meses. Además, el Tribunal Internacional de Justicia, en octubre de ese mismo año, había estimado que no existían vínculos jurídicos entre Marruecos y Mauritania con respecto al Sahara Occidental y que, por lo tanto, en nada se modificaba la aplicación de la resolución 1.514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, referente a la descolonización y al principio de autodeterminación. Traducción: el Tribunal Internacional de Justicia negó que Marruecos y Mauritania tuviesen derechos territoriales sobre el Sahara, es decir, el Sahara debía independizarse.

Esto no gustó nada a Marruecos, quien presionó al Sahara, a la comunidad internacional y a España con la Marcha Verde a principios de noviembre para seguir con la cantinela de su derecho soberano sobre estos territorios que deben ser independientes según el Derecho Internacional. Así, las tensiones en el territorio iban in crescendo y muchos canarios comenzaron a retornar a las islas durante ese año. No obstante, llegado noviembre el retorno fue una obligación: se puso en marcha la Operación Golondrina; una operación de evacuación por mar y aire de las personas (vivas y muertas) y de sus propiedades muebles y enseres personales. Evidentemente, las casas, los negocios y todo aquello que no se pudo meter en un buque rumbo al Puerto de la La Luz de Las Palmas de Gran Canaria quedó en las costas del otro lado.

La noche del 14 de diciembre llegaron a Las Palmas los restos mortales de cuatrocientos españoles que estaban enterrados en el cementerio del Aaiún, ya que los restos que se encontraban en los cementerios de otras ciudades como Villa Cisneros ya habían sido evacuados. Con este viaje se daba por concluida la evacuación civil. En el Aaiún ese mes, “los civiles españoles habían sido evacuados junto con sus pertenencias (1.000 automóviles y 300 toneladas de carga); los bancos habían cerrado sus oficinas; Iberia había suspendido todos los vuelos con Madrid; los edificios públicos, inventariados en 14.000 millones de la época (84 millones de euros) habían sido abandonados; las instalaciones militares (valoradas en 3.000 millones de pesetas, 18 millones de euros) habían sido entregadas al nuevo ejército ocupante. Incluso los muertos españoles habían sido desenterrados, introducidos en 1.800 ataúdes llegados en aviones y trasladados a cementerios de la Península y de Canarias.
Tomás Bárbulo (2002) La Historia prohibida del Sáhara Español. Barcelona: Colección Imago Mundi, p. 292. Citado en Beatriz Andréu Mediero (2006).


La Operación Golondrina se puso en marcha a la vez que en Madrid se iniciaban conversaciones entre España, Marruecos y Mauritania. Para que no nos perdamos, aquí se aclaran las fechas: el día 3 de noviembre comienza la primera fase de la operación de evacuación del Sahara, entre el 6 y el 10 de noviembre tiene lugar la Marcha Verde lanzada por Marruecos sobre territorio saharaui y apoyada por Estados Unidos, el 12 de noviembre se inician las conversaciones entre España, Marruecos y Mauritania y el 14 de noviembre (dos días después) se firma la Declaración de Principios entre estos tres Estados en la que España anuncia el fin de su presencia y responsabilidad en el Sahara Occidental. Es el llamado Acuerdo Tripartito de Madrid. Este acuerdo vergonzoso se publica el 20 de noviembre y fin: España se lava las manos y saca a su gente de allí con la Operación Golondrina. A la población saharaui la deja a su suerte en el olvido, al igual que hizo con su promesa de realizar un referéndum de autodeterminación. En febrero de 1976 España dio por concluida su presencia en el Sahara Occidental aunque ya un mes antes, en enero de 1976, había llegado el último convoy militar que ponía fin a la Operación Golondrina. En ese tiempo Marruecos bombardeaba a la población civil saharaui, niños incluidos. Muchas de estas personas huyeron al desierto y crearon campos de refugiados en Tinduf (Argelia) y otros permanecieron en el territorio ocupado. En ambos lugares se sigue esperando que España -como antigua potencia colonial- y la comunidad internacional den solución a un proceso inconcluso. Mauritania en agosto de 1979 firma su renuncia a sus pretensiones sobre el Sáhara y acuerda la paz con el Frente Polisario. Marruecos, no sigue este camino.

Por su parte, en Canarias se va montando un lío monumental. La gran concentración urbana, la alta tasa de masculinidad y la elevada proporción de militares y administrativos facilitó la operación, pero pronto se iba complicando la cosa. La primera fase de la operación de retorno fue del 3 al 20 de noviembre y en ella se evacuaría forzosamente a la población civil y los enseres personales de los residentes. La segunda fase comenzaba a partir de esta fecha y en ella ya se evacuaría a los contingentes militares y algunos civiles que permanecían en el territorio por orden del Gobierno. Y con todo ello en el Puerto de la Luz los problemas se iban sucediendo. Este puerto se decretó como el punto de acogida de los evacuados y sus mercancías y, desde allí, los que no eran de la isla se dirigían a sus lugares de origen. Esto ocasionó que se fueran acumulando numerosas pertenencias que no eran retiradas a tiempo por los evacuados y también que se situase allí el foco de las protestas por todas las personas a las que, o bien se les negaba el derecho de indemnización que se había autorizado por el Consejo de Ministros de España y que fue reconocido a los evacuados, o bien que habiéndoles reconocido esta indemnización veían pasar los días sin cobrarla. Pero había un problema adicional: ¿cómo y dónde acoger a la gran cantidad de personas evacuadas que no tenían residencia? Mucha población militar, administrativa y civil tenía el Sahara como residencia temporal y regresaban a sus casas, pero había muchas familias que vivían y tenían sus negocios allí. ¿Qué hacer entonces? Planeando en el ambiente estaba, por tanto, la misma preocupación de siempre: ¿dónde metemos a toda esa gente?

No hay camas pa’tanta gente

En Canarias la preocupación social giraba en relación a esta llegada masiva de personas. Miles de canarios y peninsulares que tendrían que ser reubicados, acogidos y dotados de ayudas e infraestructuras, como casas y escuelas. Además, causaba una congoja monumental la incertidumbre con respecto al futuro del banco pesquero canario-sahariano y, por tanto, sobre qué expectativas podrían tener las miles de familias canarias que dependían de este sector. Y todo ello enmarcado en un contexto de vacas flacas para la economía Canaria. De las fuentes consultadas se extraen los siguientes datos como resultado de la Operación Golondrina: 15.000 civiles, 1.000 automóviles y 300 toneladas de carga repatriados.

Después de noviembre los meses pasaban y muchas familias canarias repatriadas seguían en condiciones muy precarias, sin vivienda, sin trabajo y sin respuestas. Esto provocó protestas, encierros y manifestaciones para exigir una solución a la situación en la que se encontraban. Cáritas Diocesana puso a disposición de algunas de estas familias recursos habitacionales y alimentos, y el Gobierno Civil asumió los gastos. Sin embargo, esto era un remedio puntual ante una situación de emergencia que no podía postergarse eternamente. Tras varias reuniones entre Canarias y Madrid, se decide la instalación de viviendas prefabricadas que son cedidas por el Ministerio de la Vivienda en las laderas El Lasso, junto a la barriada de Pedro Hidalgo (Gran Canaria) hasta que estuviesen construidas 1.362 viviendas que se cederían a estas familias más necesitadas de repatriados venidos del Sahara.

Las viviendas prefabricadas fueron adjudicadas a principios de 1977, dos años después de la Operación Golondrina y las primeras listas de adjudicatarios de las viviendas construidas a finales de este mismo año. Así se entregaron 214 en Schamann y 1.148 en Las Remudas, en Telde. Las solicitudes para tener acceso a estas viviendas rondaban las 13.000 y, por supuesto, no todas fueron satisfechas satisfactoriamente con estas 1.362 viviendas. Las familias que accedieron a estas fueron las que se encontraban en mayor situación de necesidad y que estaban localizadas en los barracones de Pedro Hidalgo. El resto de solicitantes tendría una segunda oportunidad con la construcción de nuevas viviendas de estas características en el Polígono de Jinámar (Gran Canaria).

Conclusiones


La llegada masiva de personas evacuadas del Sahara Occidental sumió a los canarios residentes en el Archipiélago en una preocupación perpetua durante los meses que duró la Operación Golondrina y sus efectos, años más tarde. La falta de infraestructuras para recibirlos, la burocracia y la situación económica de las islas supuso nuevas tensiones sociales y diversos problemas familiares y personales por la complejidad en la adaptación de la nueva situación. Muchas de las personas que fueron al Sahara Occidental para labrarse un nuevo futuro encontraron en estas tierras una oportunidad para alcanzar un mejor salario, una oportunidad de negocio, una mejor educación para sus hijos e hijas o simplemente un lugar donde echaron raíces y lazos de amistad.

La vinculación de Canarias con el Sahara Occidental fue muy fuerte durante estos años de emigración canaria, pero también se ha mantenido en el tiempo. La respuesta popular en Las Palmas de Gran Canaria ante el abandono español fue la celebración de una manifestación en apoyo del pueblo saharaui que tuvo lugar en 1976. Dicha manifestación acabó con una violenta carga policial en la que fueron detenidas varias personas. Aún hoy el Sahara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de un proceso de descolonización donde se violan sistemáticamente los derechos humanos. En este sentido, España como metrópolis o potencia administradora tiene una gran deuda pendiente con un territorio que un día llamó provincia.

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