Salvemos la arquitectura tradicional canaria.

CANARIAS 08 de julio de 2022 Por Colectivo Acción Tajinaste
El colectivo Acción Tajinaste nos acerca a la problemática que significa la apabullante desaparición de una de las manifestaciones de nuestra identidad que está en claro peligro de extinción: nuestras casas tradicionales.
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Las Islas Canarias, un archipiélago africano a menos de 100 km del continente, a 1000 de Cádiz e íntimamente vinculado a América tras siglos de ida y venida. Una cultura propia – fruto de estos contactos históricos – arraigada en la tierra y el medio donde se desarrollaba, conservando elementos indígenas e incorporando otros de carácter popular de los pueblos colonos europeos (sobre todo de Portugal y Andalucía). Casas terreras, lagares, ermitas, molinos, casas cueva, cuartos de aperos, salinas, caseríos, etc., son algunas de las muchas manifestaciones arquitectónicas y etnográficas producto de la amalgama cultural desarrolladas en la evolución de los pueblos indígenas o “guanches” a través de los siglos, hacia la conformación del actual pueblo canario. Un patrimonio histórico de más de 5 siglos de valioso interés que, aunque propio, se interconecta con el de los pueblos latinoamericanos, de la costa africana noroccidental, Guinea Ecuatorial y el sur de la península ibérica. Unas auténticas joyas para la arquitectura mundial que se encuentran en serio peligro de desaparición por la desidia y aculturación institucional de las islas. Desde los años 60 del siglo XX, en la última etapa del régimen dictatorial franquista, hasta la actualidad, con incidencia en la década de los 80 y 90 producto del "boom" del turismo de masas y la especulación inmobiliaria en todo el estado español, con especial incidencia en las islas, el legado ancestral arquitectónico, como en otros aspectos, quedó relegado y desprotegido por unas instituciones y administraciones que no veían en él un rédito económico que supusiera la conservación del patrimonio heredado. 


En la Convención de Faro, Portugal, del año 2005, celebrada por los miembros del Consejo de la Unión Europea sobre el Valor de la Herencia Cultural para la Sociedad, la herencia cultural comienza a relacionarse con los derechos humanos y la democracia. Se reconoce el derecho a la herencia cultural como una forma de participación en la vida cultural de las naciones, las responsabilidades individuales y colectivas al respecto, y se enfatizan objetivos de conservación y uso sustentable, bajo los principios de desarrollo humano y calidad de vida. Para los propósitos de la Convención se entiende por herencia cultural : "Un grupo de recursos heredados del pasado que las personas identifican, independientemente de su propiedad, como un reflejo y expresión de sus valores, creencias, conocimientos y tradiciones en constante evolución. Incluye todos los aspectos del entorno que resultan de la interacción entre personas y lugares a través del tiempo; una comunidad patrimonial está formada por personas que valoran aspectos específicos del patrimonio cultural que desean, en el marco de la acción pública, sustentar y transmitir a las generaciones futuras." 


Aún con ello, en el archipiélago, a pesar de su pertenencia a la Unión Europea como territorio ultraperiférico, no se atiende a las responsabilidades y derechos arriba descritos, condenando así a la extinción el desarrollo cultural de siglos, con elementos milenarios indígenas (así como el propio legado material y cultural guanche), que pervive en Canarias. El último grito de auxilio desesperado lo lanzó Luis Eduardo Fierro, pintor artístico canario, que propuso, durante la reciente erupción volcánica en la isla de La Palma, una serie de medidas tales como la rehabilitación de los inmuebles tradicionales canarios para proporcionar una alternativa habitacional a todas aquellas familias afectadas por el desastre natural. Unas medidas que podían dar solución a la problemática generada por la erupción y, al mismo tiempo, la degradación del patrimonio arquitectónico canario, que encontraron el silencio como respuesta tanto por las instituciones locales y autonómicas como un buen número medios de información de las islas. Por no hablar de la inacción en la resolución de herencias, la desprotección real de aquellos inmuebles declarados BIC y las trabas administrativas impuestas a los propietarios de esas edificaciones, al tiempo que cualquier propiedad eclesiástica privada se ve automáticamente rehabilitada con dinero público. 


Así, las posibilidades de la población nativa de acceder a la propiedad de ese patrimonio – en particular las casas terreras y las de dos pisos –, de arrendarlo y/o rehabilitarlo son escasas, dada la absoluta falta de voluntad política en cuanto a este asunto. A los graves problemas sociales que atraviesa el archipiélago se añade las nulas políticas orientadas a la adquisición, reconstrucción y regímenes de alquiler con ayuda pública, así como la dificultad de conseguir una adecuada información catastral y una intermediación entre propietarios y posibles compradores e inquilinos.


 Un legado abocado a la desaparición, a pesar de su alto valor patrimonial y su interrelación con otros patrimonios a nivel mundial, y en una situación únicamente salvable con la cooperación directa popular y la organización de una red de casas tradicionales canarias (un modelo con fantásticos precedentes en zonas despobladas de Europa).

“Ante la presencia espectacular del destrozo y deterioro sistemático de nuestro planeta, por ese afán desmedido de poder y riqueza, nos encontramos en condiciones de intuir, por ese misterio escondido del instinto, la catástrofe de todo lo que pudiera ocurrir, si no luchamos aportando el esfuerzo de cada uno” – César Manrique (1919 - 1992), pintor, escultor y arquitecto canario.

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